90 minutos en 200 años: Argentina ya ganó
Si el fútbol fuese solamente once personas contra otras once personas corriendo detrás de una pelota, nadie estaría discutiendo hoy sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Esa es la demostración que la selección argentina ya ganó: porque con sus actitudes, sus gestos y sus declaraciones, puso en la agenda mundial el derecho soberano sobre nuestro territorio, de una forma que ninguna movida política podría llegar a realizar.
Lo interesante del caso es que no hizo falta un discurso oficial ni una conferencia diplomática. Bastó una imagen. Una bandera hecha a mano, levantada por los campeones del mundo, después de eliminar a Inglaterra en una Copa del Mundo. La potencia comunicacional del fútbol hizo el resto.
Las Malvinas siempre serán argentinas. Es una parte triste de nuestra historia y duele. Sabíamos que también jugábamos por ellas, dijo Leandro Paredes al terminar el partido y como corolario de un acto que trascendió fronteras, al punto que despertó infinidad de reacciones en Inglaterra y en el resto del mundo.
El dolor de la derrota y la indignación de la bandera desataron críticas y reclamos desde Inglaterra. Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Islas Malvinas sin duda lo son. La autodeterminación recae en los isleños y nuestro compromiso con las Malvinas nunca flaquearán, dijo el portavoz del primer ministro. Una de las tantas voces dolidas que se alzaron desde el Reino Unido y llegaron al punto de pedir la exclusión de los jugadores.
El clamor llegó a tal punto que hasta obligó a pronunciarse a la Administración Trump al respecto, quienes con una postura políticamente correcta y basados en su Carta Magna defendieron los derechos argentinos: Basada en la Primera Enmienda (que habla sobre libertad de expresión), rechazamos cualquier solicitud de sanciones y damos apoyo implícito al derecho de los jugadores de expresar sus opiniones.
Pero el triunfo trasciende la defensa del gobierno republicano norteamericano e impacta de lleno en el corazón del sentir inglés. La columna de opinión ¿Las Malvinas son Argentinas? Not quite but the Falklands cannot remain British for ever, de Simon Jenkins en el prestigioso The Guardian que empuja a la reflexión colectiva en Inglaterra es un hito histórico.
Joseph Nye, politólogo norteamericano y autor del libro Soft Power: The Means to Success in World Politics, desarrolló la idea de generar influencia a través de la cultura, de los valores y de la capacidad de generar admiración (soft) como colaborador al poder duro de las armas (hard). Claramente, pocas herramientas de soft power son tan eficaces como un equipo de fútbol en el medio de una Copa del Mundo, como forma de construir ese poder.
Durante décadas se intentó minimizar el valor simbólico del deporte y menospreciar al fútbol como construcción cultural. Se repitió hasta el cansancio que el fútbol era opio del pueblo, que era solo un juego o que no había que mezclar deporte y política. La realidad terminó demostrando exactamente lo contrario.
Somos muchos los que entendemos que el deporte nunca fue neutral y nunca lo será. Te sienta a la mesa de presidentes y te convierte en embajador de la causa que quieras defender. Es cierto que nunca alcanzará solo con eso para cambiar la posición diplomática del Reino Unido en materia de Malvinas. Sería ingenuo pensarlo, pero lo que indudablemente ha exhibido es una capacidad única para colocar temas en la conversación pública mundial.
Por este motivo, independientemente del resultado deportivo de la final, la selección de Scaloni, el equipo como representativo nacional,ya consiguió una victoria histórica y muy inesperada: porque en tiempos donde la atención pública dura apenas unos segundos, durante 72 horas el mundo volvió a tener en agenda la discusión de la soberanía de un territorio en disputa desde hace más de 200 años.
Identidad y memoria, la construcción simbólica de la Scaloneta, que quedará en la historia de la Copa del Mundo 2026 por transformar un hecho deportivo en un acontecimiento político y cultural de alcance global. La resiliencia para dar vuelta resultados, el liderazgo de Messi en la cancha y el fervor popular afuera, fueron condimentos que sumaron a la causa Malvinas un relato nacional de identidad argentina y de memoria histórica que resonó globalmente.