El último concierto de la mejor Selección Argentina de la historia
Después de ganar la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024, la Selección Argentina de fútbol disputará hoy la gran final del Mundial 2026, en busca de su quinto título consecutivo al máximo nivel continental y ecuménico, una serie triunfal que no tiene precedentes, ni en este país ni en el resto del planeta.
Con una racha en el medio de 36 encuentros sin conocer la derrota, y un primer lugar en las Eliminatorias, el equipo nacional logró también convertirse en el conjunto argentino con más victorias consecutivas en mundiales (7 y contando), con el invicto más largo en mundiales (13 partidos y contando), con más partidos seguidos anotando al menos dos goles (13 y contando), entre otras marcas.
La Selección logró además una comunión inquebrantable con su público, construida a base de victorias pero también de entrega, sobre todo en este certamen, donde a falta de juego de alto nivel, en más de una ocasión surgió un corazón indestructible, capaz de revertir de manera agónica escenarios donde la caída parecía irreversible.
Y para darle el toque final, pequeños gestos que enamoran al público, como el despliegue de la bandera de Malvinas tras ganarle a Inglaterra, o una leyenda viviente como Lionel Messi acordándose de los que no tienen trabajo o no llegan a fin de mes.
Fútbol, calidad, entrega, garra. Argentina se convirtió en el equipo que tiene todo lo que un hincha puede soñar.
Este último examen ante España no podía ser más difícil. Los españoles llevan 37 encuentros sin perder, y dominan a la perfección el exquisito juego de la posesión y el toque para atacar y defenderse. En los siete partidos que van del mundial recibieron un solo gol, detalle concluyente para entender que no es sólo un elenco que juega lindo.
En este último concierto, a la Selección le puede tocar el triunfo o la derrota, la cuarta copa o el cuarto subcampeonato mundial; pero ningún resultado alterará su condición de mejor equipo que haya tenido la AFA en sus 133 años de historia.
La medalla será de oro o de plata, suficiente como para comprender que nadie podrá hablar de fracaso al margen del resultado que toque.
Esta Selección Argentina que hoy jugará su segunda final consecutiva en busca de la cuarta estrella, es la misma que hace tres años y medio sacó cinco millones de personas a las calles para festejar el título de Qatar.
Volver a quedar en el primer plano después de semejante epopeya es en sí mismo una conquista espectacular, por lo extremadamente difícil que resulta completar exitosamente un recorrido tan arduo no una, sino dos veces.
El mal momento del país, siempre endeudado, siempre a un centímetro de la asfixia, contribuye a potenciar las reacciones, de millones de personas que necesitan desesperadamente una alegría, y se aferran a ella allí donde se les ofrece.
En este caso, en el fútbol, una actividad menor, un deporte, simplemente un juego; pero que en la idiosincrasia nacional adquiere una relevancia desproporcionada desde siempre.
Quedará como tarea para sociólogos el estudio de este singular fenómeno.
Para el resto, lo mejor es vivirlo como hinchas. Sufriendo, celebrando, rezando, latiendo según lo que pase con una pelota allá a miles de kilómetros de distancia, como si nuestras vidas dependieran de ello.
No tiene sentido, lo sabemos. Pero es hermoso. Como es hermoso también salir a la calle y compartir la emoción, los abrazos y la felicidad con cualquier desconocido, porque hay algo que nos une bajo la misma bandera y los mismos colores.
En unas horas podremos estar celebrando un nuevo título mundial o lamentando haber fallado el último paso. Pero cuando pase el tiempo y las pulsaciones se calmen, recordaremos por siempre a este equipo como lo que fue: el mejor de la historia.
El Esquiú.com