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Perfil hace 15 horas 5 min de lectura

Tras un manto de neblinas

La victoria ante Inglaterra desató una celebración que excede al deporte. El Gobierno buscó administrar su impacto político mientras el clima mundialista ofrece una tregua a la crisis.

Tras un manto de neblinas
Foto: Perfil

Todos sabíamos que no era solo un partido de fútbol, pese a que los jugadores y el cuerpo técnico sabiamente le quitaban dramatismo y connotaciones en la previa. Pero las cosas son más de lo que aparentan en la superficie, si tocan fibras simbólicamente importantes para un colectivo social. Como bien definió hace ochenta años el sociólogo Merton, un hecho social tiene funciones manifiestas y latentes.

Por ejemplo, la celebración de una fecha patria o un cumpleaños: se conmemora, pero también se consolida la identidad de un colectivo.

Pues un partido de Argentina contra Inglaterra cumple esa función: era una competencia deportiva, pero ganar era una reivindicación de soberanía. Pero ¡qué absurdo mezclar una cosa con otra!. Puede ser. Pero así funcionamos los seres humanos. Muchos más en este momento del país y en un planeta en fase de globalización extrema, donde todos los límites se están borrando (positiva y negativamente). La mayoría de l@s argentin@s festejaron por partida triple (basado en grupos focales realizados en las 48 horas posteriores al partido) porque:

1) pasamos a la final una vez más;

2) la guerra de Malvinas (error estratégico garrafal de la dictadura en una discusión de largo plazo) terminó reforzando en el corazón social la potencia del tema generación tras generación; y

3) una alegría popular en medio de la malaria (recordemos que el gobierno nacional hace más de 6 meses que tiene más desaprobación que aprobación, hay más pesimismo que optimismo, y más demanda de cambio que continuidad).

Cuando el presidente, al responder un reportaje, habla lento y titubeante, eligiendo palabra por palabra, es porque no quiere meter la pata y sabe que tiene que patear la pelota a la tribuna para evitar costos innecesarios (después de 31 meses te conocemos, Javo). Esto fue lo que pasó pospartido: 1) desactivó la actitud crítica de sus militantes digitales a los que enarbolaron la polémica bandera (somos un país, no una película de Disney), y 2) sobreestimó los avances de su gobierno en el reclamo de soberanía. Como es loco, pero no come vidrio, detectó rápidamente que estaba frente a un problema de difícil solución, en una época difícil de mi vida (como cantan Los Auténticos Decadentes), y encima su vicepresidenta le estaba ganando la cuerda en la opinión pública sintonizando con la calle.

Otra vez, con adecuados reflejos, ofreció la Casa Rosada sin funcionarios, para que no lo acusen como a Alberto (¿se acuerdan de él? Era el dueño de Dylan) de uso político. De los 4 mandatarios que quisieron aprovechar festejos de la selección argentina (1986, 1990, 2014 y 2022), solo a uno le fue bien electoramente al año siguiente (Menem zafó después de ser tildado de yeta en el partido contra Camerún). El león es cabulero, como el Doctor Carlos Salvador.

Tampoco le dejó margen otro que juega a la mancha con los aviones, nuestro amigo Donald: 1) lo saludó al prolífico Chiqui Tapia, 2) comentó admirado el segundo gol de Messi, y 3) su vocero en el tema dijo que la constitución americana avala la libertad de expresión, consultado por la polémica bandera. Y como si esto fuera poco, el mal rodeado Pedro Sánchez, es odiado por el magnate e irá a ver la final. Casualidades de la vida.

Gane o pierda, la Argentina será una fiesta por unos días, aunque eso no cambiará el medio o largo plazo. La administración libertaria también cree que deberíamos permanecer festivos por los logros macroeconómicos: riesgo país que toca los 400 puntos, inflación en baja, caída fuerte del índice de precios mayoristas, dólar estable, recuperación de reservas del Central, balanza energética positiva, boom de exportaciones, Córdoba recibió 400.000 palos, las universidades van a cobrar lo que reclamaron, etc. ¡Hasta volvieron los pagos en cuotas! para pagar impuestos (ya lo hizo Macri con créditos de la Anses a los jubilados).

Como nos embarga el clima triunfalista en el Mundial, vamos con dos más positivas para el gobierno. Por un lado, el juez Martínez de Giorgi a cuya mujer le aprobaron el pliego como jueza devolvió favores y desestimó a los querellantes en el caso Libra. Siendo sintético, el presi habría quedado así libre de Libra. La segunda cuestión es la aparente decisión de no complicarle la vida a los dialoguistas en la competencia por las gobernaciones el año que viene.

Esto trae a colación dos interrogantes: 1) ¿Los libertarios cumplirán llegada la hora? y 2) ¿Qué dirá la tropa que tiene hambre de gloria (y de cajas)? En un sistema de látigo sin chequera, ordenar la tropa es más complejo. Nada es imposible, pero siempre hay alguno que puede hacerse el distraído y alegar que a mí nadie me llamó. Más allá de estas incógnitas, si se verificase esa decisión estratégica, tendría toda la lógica para no correr riesgos con amenaza de lluvias y cambiaría el esquema de acumulación política de 2025.

Y hablando de hambre, la relación del joven maravilla con la hermanísima ha profundizado su carácter asimétrico. Por eso, lo que le birlaron fue a parar a manos del Colo, quien es un excelso cirujano del poder, tanto para abrir como para cerrar temas. ¿Karina también quiere la SIDE? A propósito, ¿es verdad que en Langley le tiraron de las orejas al muchacho porque utilizó información confidencial en su puja eterna con la repostera? En la embajada en Buenos Aires le echan flit al pibe y se encargan de divulgar esta especie.

La semana cerró con una discusión de alta peluquería como diría el filósofo Aníbal Fernández entre el Hada Patricia y Vichacruel (quien le está sacando jugo a las piedras para hacerse notar desde un cargo insulso). Tras cartón, se cayó la sesión para tratar la ley de venta de tierras a extranjeros, otro temita que da letra para una discusión sobre la soberanía. Ya le hicieron 15 modificaciones al texto y sigue sin salir (le tomaron el tiempo al coloso).

La gente está equivocada. La verdadera épica es el superávit fiscal. Por eso hay que cantar el que no salta es un degenerado fiscal.

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