El Parque Roberto Münz es un tributo a la vida y un legado para el pueblo - Primera Edición
Cuando Carlos Guillermo Münz, albañil, procedente de Koln, Alemania, desembarcó en Puerto Montecarlo y se instaló en el Lote 34 de Línea Bonita, cuando años más tarde instaló ahí una de las primeras olerías de la zona, lejos estuvo de imaginar que el
Cuando Carlos Guillermo Münz, albañil, procedente de Koln, Alemania, desembarcó en Puerto Montecarlo y se instaló en el Lote 34 de Línea Bonita, cuando años más tarde instaló ahí una de las primeras olerías de la zona, lejos estuvo de imaginar que el predio donde ejerció su labor, fundó su hogar, crió al hijo que tuvo con Klara Müller, muy adulto ya, se convertiría en potrero, en plantación de pinos taeda, en vergel de verde, frescura, en un parque de generoso darse a la necesidad de conservación del ecosistema natural que habitamos.
Culminada la etapa de apeo de los pinos -se conservan los necesarios para preservar el árbol genealógico de la familia en derredor de los fundamentos de la olería, punto de partida, ombligo de esta feliz iniciativo-, Roberto Pepe Münz procede al loteo de parte de la propiedad y a la donación de la parcela correspondiente a la Partida 13.787 al municipio, destinada a espacio verde. Su mirada visionaria dibujó en el predio un parque senderos, lagos, isla, sin que tuviera que perderse ninguna especie -loros negros, pitangas, oveñas.
En 2010, con apoyo de su hijo Alfredo, empezaron los movimientos de tierra que resultaron en la construcción de tres diques para la conformación de tres lagos y una isla -la Isla de las garzas- en uno de ellos. Hubo que construir los senderos que rodean al parque y los pequeños caminos internos.
El transcurso de los años vio a Don Roberto Münz abocado al cultivo de árboles, plantas y flores al borde de senderos y lagos: gladiolos, lirios, pelo de indio, lengua de suegra y otras especies anuales que dan el toque de color y distintas variedades de verde. Los árboles y arbustos atraen abejas que polinizan, aves que demandan los frutos. En los lagos hubo que implantar peces de diferente especie para mantener el equilibrio y que algas e irupés no invadieran fondo y superficies. En el lugar conviven tortugas, lagartos y lagartijas, insectos, mariposas, pequeños roedores -agutíes, cuises y otros-, muchas aves, algunos ofidios.
En el borde superior del parque, de derredor del fundamento de la olería, ejemplares de taeda conservan -en carteles de color rojo- los nombres de los integrantes de la familia Münz. En diferentes puntos de los senderos, veinte árboles de diferente especie están dedicados -en carteles azules- a personas del pueblo que Don Pepe considera referentes para la historia del departamento. Como proyecto a futuro, veinte carteles verdes destinados a quienes voluntariamente obren en favor de la comunidad serán quienes se hagan merecedores de un fuste, una fronda.
El parque, que tiene lugares de descanso, bancos, está conformado por tres senderos de dos metros cuarenta de ancho y setecientos de longitud total que rodean los lagos y el entorno del predio. Hojas, ramas, frondas que cumplen su ciclo integran el compost que nutre las especies vivas del vergel. No se encienden fogatas, no se pesca, no se cazan aves, roedores ni mariposas pese a que no hay un solo cartel que rece prohibido. Es por eso que el Parque Roberto Münz es un tributo a la vida, un legado para el pueblo.