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Sociedad
Diario Uno hace 15 horas 4 min de lectura

El mendocino que trabaja con Ágatha Ruiz de la Prada y la contagió de la pasión por la Selección

Darío Giandinoto vive en Mallorca, cuida la casa de la reconocida diseñadora española y recuerda una anécdota inolvidable con Lionel Scaloni

El mendocino que trabaja con Ágatha Ruiz de la Prada y la contagió de la pasión por la Selección
Foto: Diario Uno

A Darío Giandinoto todavía le cuesta creer cómo cambió su vida en los últimos años. Nació y creció en la Cuarta Sección de Mendoza, sobre la calle Villagra, emigró a España en 2001 buscando un tratamiento para la enfermedad neurológica de su hijo y hoy trabaja para una de las diseñadoras más reconocidas del mundo: Ágatha Ruiz de la Prada.

Desde hace dos años es el encargado de cuidar la casa que la creadora española tiene en Costa de los Pinos, en Mallorca, un lugar donde ella pasa los veranos y donde él encontró mucho más que un trabajo.

"Es una persona muchísimo más humana de lo que la gente imagina. Si me encuentra pintando una pared, agarra un pincel y se pone a pintar conmigo. Hablamos de fútbol, de tango, de libros, de la vida. Es un verdadero placer trabajar con ella", cuenta el mendocino a Diario UNO.

La relación comenzó en abril de 2023, cuando un arquitecto amigo los presentó después de que la diseñadora buscara durante meses a alguien de confianza para hacerse cargo de la propiedad.

El mendocino que vive en Mallorca y trabaja para una conocida diseñadora

Desde entonces, Darío vive en un departamento anexo y mantiene la casa lista para cuando Ágatha llega a descansar.

En esas largas charlas también apareció el fútbol.

Y, según cuenta entre risas, hasta ahora la famosa diseñadora alentó por la Scaloneta.

"Ágatha es muy fanática de la Selección argentina. Claro que ahora, con la final contra España, la cosa cambia un poco", bromea.

Pero si hay una historia que repite una y otra vez es la del encuentro más inesperado de su vida.

Mallorca también es el lugar donde vive Lionel Scaloni.

Y el destino quiso cruzarlos en un vuelo de Palma de Mallorca a Madrid.

El día que el mendocino se encontró con Lionel Scaloni

Darío viajaba por trabajo. Debía trasladar a Madrid a los perros de Ágatha Ruiz de la Prada y otras pertenencias de la diseñadora. Cuando subió al avión miró hacia la primera fila y se quedó inmóvil.

Allí estaba el entrenador campeón del mundo junto a su esposa.

"Le pedí una foto y fue de una amabilidad increíble. Entonces se me ocurrió preguntarle si me firmaba un autógrafo. Me dijo que sí y me preguntó si tenía papel", dijo.

Ahí apareció el problema.

No tenía ni una hoja ni un cuaderno ni un ticket. Solo una lapicera.

Hasta que encontró una solución tan insólita como argentina.

"Me di vuelta, saqué la bolsita para el vómito del avión y se la alcancé", recordó.

Scaloni la miró, sonrió y lanzó la pregunta que todavía hoy lo hace reír.

"'¿No está usada?', me dijo". La respuesta salió sola.

"'No, capitán, quédese tranquilo... está nuevita'".

Los dos estallaron de risa.

Segundos después, el entrenador estampó su firma sobre aquella improvisada hoja de papel que hoy Darío guarda como uno de sus mayores tesoros.

"Debe ser el único autógrafo de Scaloni firmado sobre una bolsa para el vómito de un avión", dice divertido.

Mientras espera la final del Mundial, el mendocino reconoce que hay costumbres argentinas que sigue extrañando.

Los partidos con amigos, los abrazos, el asado.

Unas ricas empanadas para vivir el partido desde Mallorca

En Mallorca, durante el verano, está prohibido hacer fuego por el alto riesgo de incendios forestales.

"Nos arreglamos con empanadas al horno y una picada, pero el asado hay que dejarlo para cuando vuelva a Mendoza", cuenta.

Sin embargo, hay algo que el Mundial logra cada cuatro años.

"Te acerca un poco más al país. La distancia sigue estando, pero uno siente que Argentina está un poquito más cerca", señala.

Y mientras espera otra noche de nervios frente al televisor, sonríe al pensar que, en un rincón de su casa de Mallorca, guarda una reliquia imposible de conseguir en cualquier tienda de recuerdos.

Un autógrafo de Lionel Scaloni.

Firmado, nada menos, que sobre una bolsa de un avión.

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