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Gualeguaychú
El Argentino hace 2 días 10 min de lectura

El despertar de las tablas: el teatro como testigo de la transformación de Gualeguaychú

El despertar de las tablas: el teatro como testigo de la transformación de Gualeguaychú
Foto: El Argentino

El despertar de las tablas: el teatro como testigo de la transformación de Gualeguaychú

Mucho más que un espacio artístico, la primera gran sala local funcionó como el verdadero termómetro político y social de su tiempo. En sus años de gloria, el Teatro 1º de Mayo cobijó a una niña prodigio que tocó ante reyes de Europa, fue sede de una proclamación presidencial sin el candidato presen

Sábado, 18 de Julio de 2026,

8:00

Redacción EL ARGENTINO

Los orígenes del teatro en la provincia de Entre Ríos se remontan a mediados del siglo XIX. Gualeguaychú no fue ajena a esta actividad cultural que sacudió la monotonía diaria, en una época donde existían veintiséis pulperías, una cancha de pelota y un reñidero de gallos donde se practicaba esgrima de espada y caña. Estos espacios eran frecuentados casi exclusivamente por hombres, ya que las damas solo salían para ir a misa o a alguna tertulia familiar.

Pronto, compañías de actores aficionadosla mayoría provenientes de Buenos Airescomenzaron a recorrer la calle del teatro, como se llamaba a la 24 de Enero (hoy 25 de Mayo), presentándose en improvisados escenarios. Según la investigadora local Elsa Bachini de Bértora, existía un teatro estable en la esquina noreste de las calles 24 de Enero y Cristóbal Colón (actuales 25 de Mayo y Churruarin). Estos datos fueron obtenidos gracias al señor Guillermo Pombo, quien poseía el título de propiedad de ese solar que había pertenecido originalmente a Cayetano Valls.

En un aviso de la época figuraba: Casa del señor Gianello, 24 de Enero, frente al teatro (SE). Por deducción, este edificio compartía esquinas con el almacén El Ancla Dorada (SO) y la Fonda de Lalande (NO). En aquel salón se representaban comedias, sainetes y dramas de autores franceses y españoles. Las funciones eran siempre por la noche, lo que hace suponer que se trataba de un local cerrado. Allí también se celebraban las fiestas patrias, que comenzaban con la sinfonía de costumbre y el Himno Nacional, para finalizar con las representaciones de la Sociedad de Aficionados Dramáticos.

El 2 de noviembre de 1849, la actividad se trasladó a la esquina suroeste de las actuales calles 25 de Mayo y Pellegrini, contiguo al Café del 25 de Mayo. El nuevo espacio fue inaugurado bajo el nombre de Republicano. Para la apertura, la Compañía Dramática exhibió el drama Mateo el veterano y el sainete Don Saverio Echasugo, espectáculos protagonizados por la primera actriz Florinda Cazzola y el señor Davidini, ambos procedentes de Montevideo.

La portada del teatro estaba iluminada con farolas y engalanada con banderas y el escudo de armas de la provincia. El espacio, donde cabían holgadamente quinientas personas, solía completarse rápidamente. Como era costumbre, por respeto a las autoridades y al público, cuando se alzaba el telón los hombres se sacaban el sombrero. Un detalle curioso de la época era que los espectadores debían enviar sus propias sillas con anticipación para poder ubicarse; si se trataba de una fiesta patria, estas se colocaban en el patio de columnas que servía de galería, en cuyo centrotapizado en bordóse danzaba.

Teatro 1º de Mayo

A mediados del siglo XIX, los acontecimientos políticos se precipitaban. La presencia de importantes diplomáticos que participaban de los movimientos destinados a formar una alianza contra el centralismo porteño puso en evidencia la necesidad de contar con una sala teatral de mayor prestigio. La escena artística debía acompañar el crecimiento edilicio de la ciudad, forjado en obras como el nuevo Hospital Militar, el cementerio del Oeste, la Capitanía del Puerto y las mejoras en la Comandancia.

La construcción de un nuevo teatro se debió a un pedido expreso del comerciante catalán y colaborador de Urquiza, don Antonio Cuyás y Sampere. El 9 de enero de 1851, Cuyás solicitó por carta la autorización para edificar una sala cuyas rentas sirvieran para sostener al hospital local en construcción, ubicada en el solar que ocupa actualmente la Escuela de Educación Técnica Nº 2 (E.E.T. Nº 2).

Urquiza encomendó al comandante local Rosendo Fraga para que, en su nombre, encabezara la suscripción con 600 pesos y procediera a la ejecución de forma rápida. Veinte días más tarde, el entusiasta periodista y promotor de la obra, don Isidoro de María, publicaba en el primer periódico local, El Progreso de Entre Ríos, la esperada noticia: estaba en proyecto un nuevo teatro con capacidad para 650 personas. El arribo a la ciudad del señor José Quircearquitecto, empresario, actor y director teatraljunto a su familia y 22 operarios, terminó de alentar las expectativas de los vecinos.

Las obras se iniciaron en la vereda sur de la calle Urquiza, frente a la plaza Independencia (hoy San Martín), entre las calles Federación Entrerriana (actual 3 de Febrero) y de la Independencia (Mitre). En un principio el teatro se llamó San José y tuvo un costo aproximado de 10.000 pesos. Tras la batalla de Caseros, fue rebautizado como 1º de Mayo.

La sala contaba con plateas, palcos, cazuelas, lunetas y camarines. Para junio de 1851 estaba casi terminada, restando solo rematar la estructura del techo. Sin embargo, la tarea se demoró luego de que un violento huracán sacudiera la ciudad el 2 de enero de 1852 y arrancara el encerado que lo cubría. Los complejos acontecimientos políticos nacionales, con profunda incidencia en la provincia, postergaron la solución inmediata del problema. Recién el 17 de noviembre de 1853 se pudo ofrecer una función extraordinaria con el fin de recaudar fondos para acabar el frente del teatro.

Pocos años después, Gervasio Méndez y otros vecinos intentaron comprar acciones al gobierno con la intención de mejorar las condiciones edilicias de la sala. Aunque al principio no tuvieron éxito, en 1858, bajo la dirección del señor Fernando Quijano, el teatro logró un notable repunte. El público pudo apreciar entonces "dramas nuevos y de gusto", como la pieza en tres actos La carcajada, una obra que ya cosechaba un gran éxito en las salas de Montevideo y Buenos Aires.

El repunte fue importante, pues la Filarmónica Italiana dirigida por el maestro Luis Giufra dio varios conciertos y los jóvenes aficionados organizaron una velada teatral con el fin de recaudar fondos para el reloj público que se pensaba instalar en la parroquia San José (hoy catedral), proyecto que finalmente no se pudo concretar.

Sin embargo, el esplendor de la sala duró poco; sobrevino una etapa de escasas iniciativas y de progresivo deterioro del local. Nuevamente, Gervasio Méndez, junto con otros jóvenes, decidió realizar acciones concretas para que el teatro no siguiera decayendo. Fue así como programaron una serie de representaciones teatrales que dieron comienzo con La flor de un día. El éxito de esta función impulsó nuevas puestas en escena e inspiró a autores locales como Emilio Onrubia, quien debió alejarse de la ciudad por la aguda crítica que recibió su obra La coqueta de Gualeguaychú, acusada por el doctor Cándido Irazusta de ofender a la gente del pueblo. Distinta suerte corrió el novel autor Juan Nágera, padre del reconocido biólogo.

Los acontecimientos políticos que enlutaron a la provincia a partir del asesinato del gobernador Urquiza en 1870 marcaron una etapa bastante silenciosa en materia teatral. Salvo por las actuaciones esporádicas de algunas compañías que se desplazaban a lo largo de la costa oriental entrerriana, no hubo iniciativas de renombre. Solo el 1º de Mayo seguía ofreciendo espectáculos de diversa índole: conferencias, actividades circenses, conciertos y banquetes de homenaje.

Gran temor y expectativa generó el anuncio de la puesta en escena de la pieza dramática Camila O Gorman. El desenlace del romance considerado impúdico y el fusilamiento de los protagonistas enfrentó las opiniones políticas y religiosas de la época, dado que el personaje principal era un sacerdote. Contra todas las predicciones, el 24 de marzo de 1872 la obra se exhibió a sala llena y sin disturbios. Al año siguiente, la municipalidad reglamentó mediante ordenanza el funcionamiento de los espectáculos públicos, aplicando severas restricciones y multas a los infractores.

En 1878, la niña María Luisa Guerra, quien contaba con apenas ocho años de edad y acababa de regresar de su perfeccionamiento en Rosario, brindó un concierto de piano a beneficio de las obras del templo. Años más tarde, en 1895, cuando volvió de cosechar aplausos en Europadonde llegó a ejecutar su música ante príncipes y reyes, el teatro resultó pequeño para albergar a las casi mil quinientas personas que pretendían escuchar a la distinguida y virtuosa concertista gualeguaychuense.

Otro acontecimiento histórico de gran relevancia para la vida política del país ocurrió en 1880, cuando en el teatro se produjo la proclamación del general Julio Argentino Roca como candidato a Presidente de la Nación. Unos 300 ciudadanos de la ciudad y de la campaña realizaron demostraciones de un fervor pocas veces visto. Cabe aclarar que el candidato no estuvo presente; se estilaba en esa época colocar su retrato en un lugar visible del escenario, profusamente decorado por damas y caballeros.

Recién en 1882 el teatro recuperó su prestigio gracias a la decidida acción de su administrador, don Protasio Méndez Casariego. Se colocaron nuevas puertas que abrían hacia afuera para garantizar la seguridad en caso de incendio y se renovaron los pisos con decoraciones realizadas por el simpático actor Giovannini, cuya hábil mano trazó admirables motivos sobre simples lienzos. El telón de boca, pintado por un artista de la compañía de don Fausto Scano, resultó una obra de arte muy aplaudida.

Cuando se levantó para el debut de la ópera Las educadas de Sorrento, el calor en la sala era insoportable, lo que no disminuyó en absoluto la calidad del espectáculo.

En un suelto impreso en 1903 por la librería e imprenta Rivadavia de Ramón Elizalde, se invitaba al pueblo a concurrir a las 8:30 p.m. para organizar los festejos del 2 de diciembre, fecha en la que retornaría la expedición Nordenskjöld salvada de los hielos polares. A bordo de la misma venía el Alférez de Marina José María Sobral, primer argentino en pisar la Antártida y orgulloso oriundo de Gualeguaychú. De acuerdo con los actos programados, en el teatro actuó una orquesta dirigida por el profesor A. de Luqui, labor en la que también solía desempeñarse Alfonso DElía.

Finalmente, en 1908, la municipalidad ordenó mediante ordenanza la clausura definitiva del Teatro 1º de Mayo, debido a que los informes del doctor Rafael Rodríguez y del Jefe de Obras Públicas advertían que el edificio ya no ofrecía las condiciones mínimas de seguridad. A pesar de la normativa, continuaron realizándose algunas funciones esporádicas hasta su cierre definitivo. Tras la clausura, el presbítero José María Colombo ocupó las instalacionescon algunas reformascomo sede del Círculo de Obreros Católicos. Con el paso de las décadas, el histórico solar fue depósito de una verdulería, gomería, luego sede de la Granja Haydée y, actualmente, es residencia de la familia Rivas.

Triste pero inevitable destino para una construcción que fue orgullo de la ciudad, guardiana de recuerdos significativos por la variedad y calidad de las actividades que allí se desarrollaron, y testigo del paso de prestigiosos artistas, políticos, científicos y literatos. Al cabo de los años, otras salas teatrales y la fascinante novedad del cine terminaron por reemplazar a aquel pionero que rompió la monotonía del silencio, en una sociedad que transitó con fervor el histórico cambio de villa a ciudad.

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