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Gualeguaychú
El Argentino hace 2 días 8 min de lectura

El costo invisible de la fuga de cerebros local y el desfinanciamiento en el desarrollo de alimentos

La parálisis en los entes científicos y el recorte de fondos amenazan el recambio generacional de la ciencia entrerriana. Beatriz Gómez, investigadora

El costo invisible de la fuga de cerebros local y el desfinanciamiento en el desarrollo de alimentos
Foto: El Argentino

El costo invisible de la fuga de cerebros local y el desfinanciamiento en el desarrollo de alimentos

La parálisis en los entes científicos y el recorte de fondos amenazan el recambio generacional de la ciencia entrerriana. Beatriz Gómez, investigadora y docente, analizó la pérdida de talento especializado ¿Qué futuro les queda a los jóvenes investigadores de Gualeguaychú?

Sábado, 18 de Julio de 2026,

6:00

Por Sandra Insaurralde

El sistema científico argentino atraviesa uno de los momentos más delicados en las últimas décadas. La Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales advirtió recientemente que el congelamiento de ingresos en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la parálisis presupuestaria están forzando una "fuga de cerebros" sin precedentes. El fenómeno se mide en estadísticas de pasaportes sellados y laboratorios vacíos en toda Argentina.

Formar a un científico no es una tarea que se resuelva en un ciclo lectivo, es un proceso de maduración que requiere inversión pública sostenida, paciencia social y, sobre todo, certidumbre institucional. Sin embargo, la crisis actual presenta el desánimo generalizado de las nuevas generaciones que ven truncadas sus posibilidades de inserción en el sistema científico formal y enfrentan el desarraigo nacional emigrando a otros países.

Entre Ríos no está exenta a la crisis, el estudiante que se recibe, el becario que culmina su doctorado y el investigador que busca consolidar su línea de trabajo se ven obligados a llevar su capacidad productiva a contextos donde puedan crecer y desarrollarse.

Beatriz Gómez, exdirectora del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos (Ictaer) y docente-investigadora de la Facultad de Bromatología de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), habló de esta dinámica.

La investigación científica requiere tiempos muy distintos a los de otros ámbitos. Formar un investigador demanda más de una década, entre la carrera universitaria, el doctorado y, muchas veces, una etapa posdoctoral. Es una inversión que realiza la sociedad a través del sistema universitario y científico, explicó para graficar la dimensión del esfuerzo estatal y personal invertido en cada profesional.

Según la exdirectora del Ictaer, cuando las oportunidades de inserción disminuyen, comienza a resentirse el recambio generacional de los grupos de investigación. Esto no siempre se percibe de manera inmediata, pero sus efectos aparecen con el tiempo: resulta más difícil consolidar equipos, sostener líneas de investigación estratégicas y planificar proyectos de largo alcance.

Para Gualeguaychú y la provincia en general esta falta de recambio es letal. En Entre Ríos contamos con recursos humanos altamente capacitados que, a lo largo de los años, han construido capacidades científicas de gran valor. Desde mi experiencia, observo que uno de los mayores desafíos es sostener equipos especializados y asegurar la continuidad de líneas de investigación, particularmente en áreas estratégicas como los alimentos, la biotecnología y la salud, enfatizó la investigadora.

Del aula local al sector privado global

La pregunta ya no es solamente qué investigar, sino dónde y bajo qué condiciones. El fantasma de la migración académica o el vuelco hacia el sector corporativo internacional de manera remota es una constante en las charlas de laboratorio.

Lo que uno percibe cotidianamente es un escenario de mayor incertidumbre. Los jóvenes investigadores han apostado gran parte de su vida a la formación académica y científica, muchas veces con excelentes antecedentes y un fuerte compromiso con el país. Como docente universitaria me preocupa pensar que muchos de esos jóvenes fueron primero nuestros estudiantes de grado, luego becarios doctorales y, en muchos casos, posdoctorales. Es decir, hemos acompañado su formación durante más de una década y conocemos de cerca su enorme potencial, expuso Gómez.

La pérdida de profesionales es aún más veloz cuando se trata de mercados más competitivos. Hoy muchos de ellos analizan alternativas que hace algunos años quizás no contemplaban: oportunidades en universidades extranjeras, centros internacionales de investigación o empresas tecnológicas que valoran enormemente su formación. Los nuevos investigadores ya no pueden desarrollar una carrera científica estable en Argentina, analizó la docente.

Más que hablar de una fuga de cerebros, creo que el desafío es cómo lograr retener y aprovechar el talento que el propio país ha formado. Cuando un profesional altamente calificado decide desarrollar su carrera fuera del sistema científico nacional, Argentina no sólo pierde una persona: pierde experiencia, redes de colaboración y la posibilidad de que ese conocimiento contribuya a formar nuevas generaciones de investigadores, sentenció.

Alimentos, salud y economías regionales

Las investigaciones en alimentos tienen una característica particular: requieren continuidad. Muchos estudios demandan años de trabajo, equipamiento de alta complejidad, insumos específicos y equipos interdisciplinarios. Por eso, la previsibilidad del financiamiento resulta fundamental, advirtió Gómez. Y, en esta línea, continuó: Desde mi área de trabajo, vinculada al desarrollo de alimentos, observo que investigaciones orientadas al aprovechamiento de materias primas regionales, la valorización de subproductos agroindustriales, la formulación de alimentos saludables, la obtención de ingredientes funcionales, la inocuidad alimentaria y la innovación tecnológica requieren continuidad para generar conocimientos que luego puedan desarrollar al sector productivo.

En la ciencia, cada día perdido representa un retroceso exponencial frente al avance internacional. Gómez sintetizó este dilema: En investigación, el tiempo constituye un recurso tan valioso como el financiamiento. Cuando una línea de trabajo pierde continuidad, no sólo se retrasa la generación de conocimiento, sino también las posibilidades de transformar ese conocimiento en innovación, desarrollo tecnológico y beneficios concretos para la sociedad.

El rol de la UNER

Ante la retirada de los fondos de fomento de carácter federal, las universidades públicas del interior asumen un rol de resistencia activa y de contención. En Entre Ríos, la UNER articula esfuerzos con gobiernos locales, cooperativas y el sector privado de la cadena agroindustrial para evitar que los laboratorios queden inactivos y las investigaciones terminen archivadas en un cajón.

Las universidades públicas y los institutos de investigación realizan un importante esfuerzo para sostener sus actividades en contextos complejos. Los equipos procuran optimizar los recursos disponibles, compartir equipamientos, fortalecer redes de cooperación y desarrollar proyectos colaborativos que permitan dar continuidad a la investigación, la formación de recursos humanos y la transferencia del conocimiento hacia el sector productivo y la comunidad, destacó Beatriz Gómez.

Para la exdirectora del Ictaer, el camino de salida ante la crisis de recursos radica en estrechar lazos con el entorno social y económico: El conocimiento científico alcanza su mayor valor cuando puede construirse en diálogo con las necesidades del territorio y traducirse en soluciones concretas para la sociedad. En este escenario, adquiere aún mayor relevancia la articulación entre universidades, organismos científicos, gobiernos locales y provinciales, empresas, cooperativas y organizaciones de la sociedad civil.

La ciencia no es un gasto

Asegurar que los jóvenes sigan queriendo transitar este exigente camino es el verdadero desafío a largo plazo. Creo que el mayor desafío no es solamente el aspecto económico. También es importante transmitir a las nuevas generaciones que dedicarse a la ciencia sigue siendo un proyecto profesional valioso y socialmente necesario.

La vocación sigue estando, aportó la profesional consultada. Y concluyó con un fuerte llamado a la reflexión social y política. Es importante continuar fortaleciendo la formación de recursos humanos calificados, promover la cooperación con otros centros científicos nacionales e internacionales, profundizar la vinculación con el sector productivo y sostener la transferencia de conocimiento hacia la comunidad. Del mismo modo, considero fundamental contar con políticas públicas de largo plazo que brinden previsibilidad y permitan a esos profesionales desarrollar su carrera y poner sus capacidades al servicio del país.

La ciencia no es un gasto: es una inversión estratégica para el desarrollo. Cada investigador que formamos representa años de esfuerzo colectivo y constituye un patrimonio que la sociedad no debería perder. Porque la ciencia no es un fin en sí mismo; es una herramienta para mejorar la vida de las personas, fortalecer la producción y construir un desarrollo sostenible basado en el conocimiento, finalizó Beatriz Gómez.

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