Estiman que el índice de precios postergado por Milei sumaría tres millones de pobres más
Un estudio de la consultora FGA sugiere que con una inflación que dé más alto usando el cajoneado IPC, los indicadores de pobreza real aumentarían por encima de lo que marcan los datos oficiales.
¿Argentina es un país rico o pobre? Depende. La respuesta a esa pregunta tan sencilla y a la vez polémica que se vienen haciendo los argentinos desde hace décadas depende de qué estadística se use para medirla.
Axel Kicillof, por ejemplo, hoy gobernador bonaerense, hizo historia como ministro de Economía del segundo gobierno de Cristina Kirchner, cuando -muy suelto de cuerpo- dijo, en 2015 que medir la pobreza es estigmatizante. Su gobierno hacía un año y medio que no publicaba las estadísticas de pobreza y ya por entonces se había hecho famoso mundialmente con la intervención del INDEC por Guillermo Moreno para manipular las estadísticas oficiales.
Hoy Moreno tiene una sentencia en suspenso por esas falsificaciones que está esperando a ser definida por la Corte Suprema.
La trampita predilecta de Moreno era dibujar los datos de inflación, de manera que nunca dieran más de un dígito anual, cuando las estimaciones privadas la ubicaban bien arriba de 20 por ciento.
El momento Moreno de Milei
Pero el gobierno del presidente Javier Milei también tuvo su momento Moreno, cuando en enero sorprendió al decidir inesperadamente no aplicar -como su propio gobierno había pautado- el nuevo índice de precios que había elaborado el INDEC de Marco Lavagna ya seis años atrás: no solo con una canasta de bienes y servicios más actual que la de 2004 que se venía usando, sino con una ponderación más realista del peso de los servicios públicos y el transporte, que se subsidiaban alegremente en la era kirchnerista: obviamente, el nuevo índice iba a dar una inflación más alta, porque desde que asumió el gobierno libertario, los servicios pesan cada vez más en el bolsillo de los argentinos.
El resto de la historia es conocida: Lavagna pegó un portazo y se fue del INDEC.
No es extraño que la consultora Zentrix mida aún hoy mes a mes que los argentinos no le creen a la inflación que mide el organismo.
Pero el gobierno del presidente Javier Milei está aportando su granito de arena a ese lamentable descrédito de las estadísticas oficiales. No es un tema menor, porque una economía capitalista moderna precisa estadísticas sólidas y confiables.
El pasado martes el gobierno festejó que la inflación oficial de junio bajara por tercer mes consecutivo y diera 1,9 por ciento, perforando el 2 por ciento después de casi un año. Pero, previsiblemente, las mediciones privadas llegan a un número de 2,1 aplicando el índice maldito que ya podía haber empezado a usar Mauricio Macri en 2019 -y no se animó. Y tampoco se atrevió la dupla de Alberto Fernández y Cristina Kirchner durante sus cuatro años de gobierno a aplicar el índice que ya estaba empezando a juntar polvo en el INDEC.
¿Por qué no lo hizo Milei de entrada, cuando asumió, a partir de enero de 2014?
Quizás los historiadores jamás encuentren una respuesta a esa pregunta. En ese momento, toda esa inflación habría sido asumida por la opinión pública como blanqueo de la herencia recibida.
Lo cierto es que el INDEC -finalmente- había pautado para enero empezar a medir con el índice más realista, cuando Milei insólitamente decidió dar marcha atrás la actualización.
En Tucumán, en su discurso durante el acto oficial del 9 de Julio en la Casa Histórica, Milei volvió a ufanarse de que la pobreza había bajado al 27 o 28 por ciento, depende cómo se lo proyecte. Incluso frente a economistas, Milei repitió en el Latam Economic Forum, en mayo: La Argentina sacó a 14 millones de la pobreza. Minutos después, el ministro de Economía, Luis Toto Caputo, arriesgó su propia estadística de argentinos que salieron de la pobreza gracias al plan económico libertario y estimó esa cifra en 12 millones: algo más modesta que la que dio su jefe.
La cifra de la pobreza depende de muchos factores, y uno de los más importantes es cómo se mide la inflación, que no solo sirve para calcular los aumentos de sueldos, las jubilaciones o planes sociales, sino para medir toda la economía. También el crecimiento y el nivel de pobreza.
El consultor Federico González, de FGA, presentó ahora una medición alternativa del nivel de pobreza tomando el nuevo índice de precios que nunca fue aplicado, y llegó a la conclusión de que manteniendo el viejo IPC de 2004 barremos a más de 3 millones de pobres debajo de la alfombra: Los números de FGA corregirían incluso al más modesto Caputo: ¿los argentinos rescatados de la pobreza por el gobierno de Milei serían, entonces, solo once millones? Esas dudas siempre quedan cuando las estadísticas no son confiables.
El índice oficial de pobreza, que dio 28 por ciento en marzo, actualizado y recalculado con el índice maldito que Milei no quiso aplicar, daría más de 38 por ciento, según los cálculos de FGA: sumaría unos 3,2 millones de pobres invisibilizados.
Es casi un Uruguay completo escondido, dice en comparación con la población del país vecino.
Algo debe intuir el Presidente de que no es bueno para la aprobación de su gobierno que la encuesta mensual de credibilidad del INDEC de Zentrix, que pegó un claro salto negativo en enero, esté diciendo que el 70 por ciento de los argentinos no les cree a las estadísticas oficiales.
Por algo el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, confirmó el martes que Milei había celebrado una propuesta del diputado libertario Santiago Santurio, para que -además de modificar la Carta Orgánica del Banco Central para darle más credibilidad- de paso debía blindarse también al INDEC para darle autarquía e independencia real.
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En realidad, el INDEC -en principio- es un ente autárquico. Pero solo en principio: desde la intervención de Guillermo Moreno queda claro que eso es una simple declamación. La idea del diputado libertario que celebra Milei apunta a ponerle un cerrojo para evitar picardías o manipulaciones en las estadísticas públicas por parte de una administración futura, según explicó.
Es una propuesta muy loable, y sería incluso muy positivo para el plan económico de Milei y las mediciones de confianza en el gobierno no esperar a que lo aplique una administración futura, sino empezar por poner ya mismo ese cerrojo contra las picardías con las estadísticas del INDEC.