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Informe Digital hace 4 días 4 min de lectura

Irán golpeó una planta clave y expuso la fragilidad del agua en Kuwait - Informe Digital

El ataque dañó una instalación de energía y desalinización; en el Golfo, un blanco así puede dejar sin agua a millones.

Irán golpeó una planta clave y expuso la fragilidad del agua en Kuwait - Informe Digital
Foto: Informe Digital

Un ataque de Irán dañó este viernes una planta de energía y desalinización en Kuwait y volvió a poner en primer plano una vulnerabilidad crítica del Golfo Pérsico: la dependencia casi total de la tecnología para garantizar agua potable. En una región donde el suministro se sostiene con infraestructura concentrada y expuesta, un golpe de este tipo puede tener efectos mucho más amplios que el daño inmediato.

Según publicó AP, el Ministerio de Electricidad, Agua y Energía Renovable de Kuwait confirmó que el ataque provocó un incendio y daños en un gran número de unidades de generación eléctrica.

El episodio no fue aislado. Desde el inicio del conflicto, Irán ha atacado infraestructura cercana a varias plantas de desalinización del Golfo Pérsico. Kuwait ya había reportado daños en la planta de desalinización de Doha West por escombros de drones interceptados. En Bahréin, un dron iraní dañó una instalación de desalinización el 8 de marzo. En los Emiratos Árabes Unidos, ataques iraníes impactaron el complejo de energía y agua de Fujairah F1, a pocos kilómetros de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo. De acuerdo con AP, las autoridades kuwaitíes activaron planes de contingencia de emergencia y lograron contener el incendio.

La alarma no se explica solo por los daños materiales. Kuwait obtiene alrededor del 90% de su agua potable de la desalinización; Omán, el 86%; y Arabia Saudita, cerca del 70%. El proceso consiste en extraer la sal del agua de mar, principalmente mediante ósmosis inversa, que empuja el agua a través de membranas ultrafinas. Sin esas plantas, las grandes ciudades del Golfo no podrían sostener sus poblaciones actuales.

La concentración geográfica de esa infraestructura agrava el riesgo. Más del 90% del agua desalinizada del Golfo Pérsico proviene de apenas 56 plantas, todas ubicadas sobre la costa y dentro del radio de alcance de misiles y drones iraníes. Un análisis de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de 2010, citado por AP, advirtió que ataques contra esas instalaciones podrían desencadenar crisis nacionales en varios estados del Golfo y que las interrupciones prolongadas podrían durar meses si se destruye equipo crítico. El documento señaló que cada una de estas plantas es extremadamente vulnerable al sabotaje o a la acción militar.

Muchas de estas instalaciones están físicamente integradas con centrales eléctricas en sistemas de cogeneración, lo que significa que un ataque a la red eléctrica puede interrumpir simultáneamente la producción de agua. Las plantas tienen múltiples etapas sistemas de captación, tratamiento y suministro energético y el daño a cualquier eslabón de esa cadena puede paralizar la producción completa.

El conflicto también tiene una dimensión simétrica: Irán acusó a Estados Unidos de haber atacado una planta desalinizadora en la isla de Qeshm, en la provincia de Hormozgán, el 7 de marzo, con lo que se cortó el suministro de agua a 30 aldeas. Washington no reconoció el ataque. La revista Time reportó que los rebeldes hutíes de Yemen han atacado instalaciones de desalinización sauditas en el marco de las tensiones regionales previas al conflicto actual.

Fuera del Medio Oriente, la principal preocupación por la guerra con Irán ha sido el impacto sobre los precios de la energía. Los combates y los ataques a embarcaciones en el estrecho de Ormuz han sacudido los mercados mundiales y llevado el precio del petróleo a máximos históricos. Pero la crisis del agua representa una amenaza de igual magnitud para la estabilidad regional.

La guerra ha causado al menos 58.000 millones de dólares en daños a la infraestructura energética del Golfo, según datos publicados por Time, y ha recortado los ingresos turísticos en unos 600 millones de dólares diarios desde el inicio de las hostilidades. Esa sangría de recursos desvía la atención y el financiamiento de los gobiernos de las inversiones en resiliencia climática que sus poblaciones necesitan con urgencia.

A esas presiones se suma el cambio climático. Las plantas de desalinización son vulnerables a las marejadas ciclónicas y a las lluvias extremas que pueden colapsar la infraestructura, mientras que el calentamiento de los océanos eleva la probabilidad y la intensidad de los ciclones en el Mar Arábigo. La región ya registraba algunas de las sequías más severas inducidas por el clima antes del inicio del conflicto, con temperaturas que se proyecta aumentarán al doble del promedio global durante el siglo XXI, según informó Time.

Seis personas resultaron heridas en los últimos ataques sobre Kuwait, entre ellas cuatro miembros de las fuerzas armadas, según un recuento de Asharq Al-Awsat. Las fuerzas kuwaitíes detectaron alrededor de 77 drones hostiles y 18 misiles en su espacio aéreo entre el miércoles y el jueves por la noche.

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