Qué tan factible es construir data centers en el espacio y cuánto costaría: los desafíos técnicos y económicos
El proyecto va mucho más allá de mandar satélites a la órbita: exigiría una transformación industrial sin precedentes y una inversión equivalente al tamaño de algunas de las economías más grandes del planeta.
Construir centros de datos en la órbita terrestre puede sonar a un concepto de ciencia ficción. Técnicamente es posible, incluso con la tecnología actual. Pero hay un obstáculo: convertir esa idea en una infraestructura real, capaz de sostener millones de procesadores de inteligencia artificial, exigiría una escala industrial que hoy no existe y una inversión estimada de hasta 9,8 billones de dólares.
El desafío va mucho más allá de enviar al espacio satélites con computadoras. Cada unidad debería generar su propia electricidad, resistir la radiación espacial, expulsar el calor producido por los chips y comunicarse con otros equipos ubicados a cientos de metros o varios kilómetros de distancia.
SpaceX presentó uno de los planes más ambiciosos del sector. La compañía proyecta desplegar una constelación de hasta un millón de satélites con una capacidad conjunta de 120 gigavatios, suficiente para alimentar decenas de millones de procesadores gráficos destinados a tareas de inteligencia artificial.
La primera generación de estos equipos, denominada AI1, tendría paneles solares de alrededor de 600 metros cuadrados y produciría unos 120 kilovatios de potencia promedio para las tareas de cómputo. El aprovechamiento permanente de la energía solar aparece como una de las ventajas del proyecto. El peso de esos paneles, el calor de los chips y el precio de colocarlos en órbita convierten esa ventaja en un problema industrial mucho más complejo.
Cuánto costaría construir centros de datos en el espacio
Las estimaciones contemplan tres escenarios, definidos por el peso de los satélites, la capacidad de carga de los cohetes y el costo de cada lanzamiento.
En el cálculo más favorable, cada satélite pesaría unas 3,5 toneladas y una futura versión de Starship podría transportar 200 toneladas. Cada lanzamiento llevaría 57 unidades y costaría cerca de 20 millones de dólares. Completar la constelación demandaría unos 17.500 vuelos.
Bajo esas condiciones, los lanzamientos costarían alrededor de 350.000 millones de dólares. La fabricación de un millón de satélites y la instalación de la infraestructura terrestre elevarían el desembolso total hasta 1,45 billones de dólares.
El escenario intermedio contempla satélites de 5,5 toneladas, una capacidad de carga de 150 toneladas y vuelos de 50 millones de dólares. Cada misión transportaría 27 unidades y serían necesarios cerca de 37.000 lanzamientos. La inversión completa alcanzaría los 3,45 billones de dólares.
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La proyección más costosa parte de satélites de 7,5 toneladas, lanzamientos de 100 millones de dólares y una capacidad de carga de 100 toneladas. Cada vuelo podría trasladar 13 equipos y el despliegue demandaría alrededor de 77.000 misiones. El costo final ascendería a 9,8 billones de dólares.
Las cifras incluyen cerca de 100.000 millones de dólares para las estaciones terrestres y las redes necesarias para enviar datos, recibir resultados y administrar la constelación desde distintos puntos del planeta.
El precio de cada satélite también tendría un peso decisivo. Una unidad podría costar entre uno y dos millones de dólares debido al tamaño de sus paneles solares, los radiadores, la estructura y los procesadores de alto rendimiento.
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Por qué se necesitarían miles de lanzamientos por año
El costo es solamente una parte del problema. El proyecto necesitaría una frecuencia de lanzamientos que supera ampliamente la capacidad actual de la industria espacial.
Los satélites tendrían una vida útil aproximada de cinco años. Al finalizar ese período, deberían retirarse y ser reemplazados por equipos nuevos. La constelación tendría que desplegarse y renovarse de manera constante.
En el escenario optimista serían necesarios unos 3500 lanzamientos anuales, equivalentes a casi 10 despegues por día. La proyección intermedia eleva la cifra a 7400 vuelos por año. El cálculo más exigente demandaría unas 15.300 misiones anuales, cerca de 42 lanzamientos diarios.
La diferencia con la actividad espacial actual permite dimensionar la dificultad. Durante 2025 se registraron 329 intentos de lanzamiento orbital en todo el mundo. SpaceX realizó 170. Incluso el escenario más favorable obligaría a multiplicar varias veces la fabricación de cohetes, motores, satélites y plataformas.
La empresa necesitaría ampliar sus centros de lanzamiento en Texas y Florida, sumar nuevas instalaciones y acelerar la reutilización de Starship. También tendría que fabricar los vehículos, recuperarlos, revisarlos y volver a lanzarlos con una frecuencia inédita.
La viabilidad económica depende de alcanzar vuelos cercanos a los 20 millones de dólares. Un valor superior aumentaría rápidamente el costo final debido a las decenas de miles de misiones requeridas.
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Construir un centro de datos en el espacio es factible, pero muy caro
Los componentes básicos ya existen: cohetes reutilizables, paneles solares, procesadores comerciales, enlaces láser y sistemas para controlar la temperatura. Pero ninguno resuelve por sí solo el problema de construir una red orbital de gran escala.
La mayor dificultad está en reunir todas esas tecnologías dentro de satélites livianos, fabricarlos por cientos de miles y lanzarlos a un ritmo de hasta decenas de vuelos diarios.
El escenario más favorable costaría 1,45 billones de dólares. La estimación intermedia alcanzaría los 3,45 billones. El cálculo más exigente elevaría la inversión a 9,8 billones de dólares.
A esa barrera económica se suman la necesidad de abaratar Starship, reducir el peso de los radiadores, proteger los chips de la radiación y adaptar las tareas de inteligencia artificial a una red con mayor latencia.
Construir un centro de datos en el espacio es factible. Pero crear una constelación capaz de competir con las mayores instalaciones terrestres exigiría una transformación industrial sin precedentes y una inversión equivalente al tamaño de algunas de las economías más grandes del planeta.