Un estudio afirma que las personas de entre 18 y 59 años que se trepaban a los árboles sumaron habilidades de gran ayuda en el trabajo
Las actividades que implican movimiento corporal también podrían favorecer el desarrollo de ciertas habilidades cognitivas.
Treparse a los árboles, caminar por troncos, correr descalzo o superar obstáculos pueden parecer simples juegos de la infancia. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de North Florida sostiene que este tipo de actividades también favorece el desarrollo de las habilidades cognitivas que pueden resultar útiles para el trabajo, la escuela y hasta la resolución de problemas cotidianos.
La investigación, que fue publicada en la revista científica Perceptual and Motor Skills, concluyó que los ejercicios que exigen un alto nivel de propiocepción -es decir, la capacidad del cuerpo para percibir la posición y el movimiento de sus extremidades- pueden mejorar de manera significativa la memoria dentro del puesto laboral. La función cognitiva es esencial para procesar información, tomar decisiones y adaptarse a situaciones nuevas.
El ensayo fue dirigido por los psicólogos Ross y Tracy Alloway, quienes evaluaron a adultos de entre 18 y 59 años. Primero, midieron su memoria de trabajo mediante distintas pruebas y luego los sometieron durante dos horas a actividades que requerían coordinación corporal, equilibrio, planificación de movimientos y adaptación constante al entorno.
Cuáles fueron los ejercicios que eligieron los expertos en el estudio
Entre los ejercicios elegidos figuraban trepar árboles, caminar y desplazarse sobre vigas de equilibrio, correr descalzo, atravesar varios obstáculos, levantar objetos de un peso irregular y realizar movimientos que exigían mantener una determinada postura mientras se avanzaba. Todos ellos compartían una característica particular: obligaban al cerebro a integrar datos corporales y espaciales en tiempo real.
Al finalizar la experiencia, los expertos repitieron las pruebas cognitivas y observaron un incremento cercano al 50% en la capacidad de memoria de trabajo respecto de la evaluación inicial. Para descartar que la mejora obedeciera simplemente a realizar cualquier tarea, compararon esos resultados con dos grupos de control: uno que asistió a una clase teórica y otro que participó de una sesión de yoga de carácter estático.
Curiosamente, ninguno de ellos exhibió resultados auspiciosos similares. Según los autores, la explicación radicaría en que las actividades dinámicas obligan al cerebro a actualizar constantemente la información disponible. Cada cambio del terreno, cada obstáculo y cada ajuste del equilibrio requiere procesar cuestiones nuevas y modificar la respuesta motora casi de inmediato.
La exigencia, por supuesto, pone en funcionamiento la memoria de trabajo de forma mucho más intensa que actividades repetitivas o estáticas. La propiocepción desempeña un papel central en todo ese proceso: se trata del sistema que informa al organismo dónde se encuentran las distintas partes del cuerpo sin necesidad de mirarlas. Gracias a esta capacidad podemos caminar sin ver nuestros pies, mantener el equilibrio o coordinar.
Por qué la propiocepción es clave para las habilidades cognitivas
Gran parte de esa información es procesada por el cerebelo, una estructura vinculada tradicionalmente con el control motor, aunque cada vez más investigaciones también la relacionan con funciones cognitivas. Los profesionales concluyen que estos hallazgos tienen aplicaciones prácticas tanto para niños como para adultos.
Incorporar pausas activas con movimientos variables, recorrer circuitos con obstáculos o realizar actividades que obliguen a planificar desplazamientos podría favorecer el rendimiento en tareas que precisan de concentración, aprendizaje y toma de decisiones. No se trata únicamente de ejercitar el cuerpo, sino también de estimular procesos mentales asociados al rendimiento cotidiano.
De todos modos, los autores remarcaron que se trató de un estudio piloto y que hacen falta ensayos con muestras más amplias para confirmar el alcance de los resultados y determinar cuánto tiempo persisten esos beneficios.
Aun así, el trabajo aporta evidencia de que ciertos juegos y desafíos físicos, habituales durante la infancia, pueden otorgar ventajas que trascienden el plano deportivo y llegar incluso al ámbito académico y laboral.