Rusia sube la gasolina tras los ataques a refinerías ucranianos - Informe Digital
La escasez ya golpea a casi todo el país: hubo racionamiento, colas y subas de hasta 2,3% en una semana.
Los ataques ucranianos con drones contra refinerías rusas dispararon una escasez de combustible que ya se siente en casi todo el país y empujó otra vez los precios de la gasolina y el diésel, con colas en estaciones de servicio y más presión sobre la inflación.
En la última semana de junio, el precio promedio del litro de gasolina subió 1,7% hasta 72,38 rublos (0,93 dólares), mientras que el diésel avanzó 2,3% y llegó a 84,84 rublos (1,09 dólares) por litro. El salto siguió al mayor aumento semanal registrado en al menos dos décadas, en un contexto de más de 50 ataques contra instalaciones petroleras rusas desde comienzos de año.
A raíz de los bombardeos, varias refinerías clave frenaron operaciones y la producción de combustibles cayó de forma abrupta. Para fines de junio, alrededor del 90% de las regiones rusas reportaron racionamiento o algún tipo de interrupción en el suministro.
Las imágenes de largas filas de vehículos en estaciones de servicio circularon en redes sociales, junto con testimonios de frustración e incertidumbre entre los conductores, sobre todo en Siberia, donde incluso se instalaron baños portátiles para quienes esperaban cargar combustible.
El desabastecimiento marcó un episodio inusual para Rusia, uno de los mayores productores de energía del mundo, y trasladó el impacto de la guerra a la vida cotidiana. El presidente Vladimir Putin reconoció públicamente que persistían problemas tanto para automovilistas como para empresas y admitió colas y dificultades para conseguir ciertos tipos de gasolina.
Aun así, minimizó la gravedad de la crisis al asegurar que era temporal y no crítica. La percepción ciudadana, sin embargo, contrastó con el discurso oficial: muchos rusos expresaron desconfianza sobre la capacidad del gobierno para controlar la situación.
La ofensiva ucraniana sobre la infraestructura energética rusa se intensificó durante la primavera y el verano. Solo entre marzo y junio se contabilizaron más de 50 ataques a refinerías, depósitos y terminales de combustible, principalmente con drones.
En varios casos, las mismas instalaciones fueron alcanzadas más de una vez. El complejo de Tuapse, en el mar Negro, fue atacado cuatro veces. Uno de los episodios más notorios ocurrió en San Petersburgo, donde un ataque provocó una densa columna de humo justo cuando Putin se preparaba para inaugurar su foro económico anual. Días después, la refinería de Moscú resultó dañada y cubrió de residuos negros los alrededores de la capital.
Como resultado, la cantidad de crudo refinada en junio cayó 25% interanual, hasta 3,95 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de dos décadas. La producción de gasolina descendió 17%, hasta 850.000 barriles diarios, una cifra insuficiente para cubrir la demanda interna, ya que Rusia exporta solo una pequeña parte de su producción.
La escasez se expandió a regiones alejadas de la línea de combate, como Omsk y Zabayakalye, donde no hubo ataques directos a refinerías. En Omsk, las autoridades limitaron la venta a 40 litros por vehículo, una medida que sorprendió a los habitantes, acostumbrados a la abundancia de combustible por la presencia de una de las mayores plantas del país.
Para intentar estabilizar el mercado, el Gobierno ruso restringió la exportación de gasolina y combustible de aviación, y analizó la posibilidad de prohibir también las exportaciones de diésel. Las autoridades recomendaron a los automovilistas evitar el acaparamiento y repostar solo cuando fuera necesario, mientras exploraban la importación de combustible desde países aliados.
(Con información de Bloomberg)