El sector privado redobla las presiones para lograr una reforma tributaria
Apura un cambio radical en la estructura impositiva a tono con los planes del ministro Caputo. El argumento principal es que así mejoraría la competitividad de la economía local.
En tiempos de realización de reformas estructurales que hasta hace poco tiempo eran impensadas, el sector privado y sus referentes económicos profundizan la discusión sobre las transformaciones que consideran faltantes, con los cambios en la estructura tributaria en el centro de la mira y la competitividad como término fetiche.
Las hipótesis que motorizan el empuje son recurrentes: la idea de que la Argentina se encuentra ante una oportunidad estratégica internacional histórica que demanda esas reformas con urgencia; y el peso del llamado costo argentino, al que el gobierno de Javier Milei ya le dio varios hachazos mortíferos con la Ley Bases, el DNU 70/23, la reforma laboral, quitas de retenciones y los regímenes con los que busca alentar el desembolso de grandes inversiones. No conforme con eso, el ministro de Economía, Luis Caputo, tiene en carpeta una reforma impositiva que volverá más regresiva la estructura tributaria.
El tendal humano que puede quedar por causa de esa agenda también se considera y forma parte de los debates, pero no como una calamidad a evitar sino como capítulo inevitable en el camino que llevaría a la realización de una nueva estructura productiva.
Eliminar el costo
En la semana, varios referentes de empresas importantes y especialistas económicos muy considerados por el presidente Javier Milei y los hombres que toman decisiones económicas y políticas le dieron una vuelta más a la rosca de las reformas, entremezclando optimismo por la oportunidad y advertencias de que el tiempo apremia.
En el ciclo Democracia y Desarrollo, que organizó el Grupo Clarín con apoyo de Techint, Pan American Energy y Banco Macro, el economista Ricardo Arriazu, titular de Arriazu Macroanalistas, analizó positivamente el papel de la Argentina en el concierto de la economía mundial, pero advirtió que la primera de las metas para no perder el tren tiene que ser la eliminación del costo argentino.
Desde el punto de vista de las corporaciones, el primer elemento del costo argentino a combatir es la presión tributaria, siempre definida desde ese ángulo de la discusión como «elevada» y «compleja», por su estructuración a través de los niveles estatales nacional, provincial y municipal.
Para Arriazu, la persistencia de esta estructura tributaria echará a perder la posibilidad de un acuerdo de libre comercio con la India que, según su lectura del tablero económico internacional, debería ser el socio comercial estratégico del país junto con Brasil: China ya está en 3100 kilocalorías por habitante; India en 2100. En India sigue creciendo la población y necesita lo que tenemos, proyectó en clave agroexportadora agroindustrial.
La llave política para avanzar en ese sentido, remarcó Arriazu, serán las reformas que aseguren la competitividad de la producción local, pero la devaluación del peso, consideró, está fuera de esa foto: En Argentina devaluar es como que el petiso pida que se devalúe el metro, comparó con el tono campechano que lo caracteriza: El petiso tiene que pedir la hormona del crecimiento y Argentina tiene que pedir la hormona de la competitividad, y la hormona de la competitividad es eliminar todo lo que no nos hace competitivos, el famoso costo argentino. Porque si no eliminamos esas distorsiones vamos a seguir siendo no competitivos, remarcó.
Daños colaterales
La pregunta sobre los efectos sociales del cambio de modelo productivo fue parte de la mesa que Arriazu compartió con otros economistas muy respetados por empresas y funcionarios ultraliberales, como Dante Sica, de la consultora ABECEB y exministro de Industria de Mauricio Macri.
Para Arriazu, el país enfrenta una oportunidad estratégica histórica que demanda reformas profundas y anticipa un cambio en la estructura productiva en el que la destrucción del empleo viajará a una velocidad mucho mayor que la creación de nuevos vectores de producción.
En sus palabras, el cambio puede generar bolsones de desempleo y descontento, pero sabemos que a la larga va a cambiar todo eso (ver más información en la página 16).
En un tramo de su argumentación sobre el cambio estructural, el economista le puso un número puntual al desempleo.
En la frase destacó que en el país actualmente coinciden el sobrante de divisas y la falta de empleo y consideró que se podría propiciar un cambio hacia servicios para paliar la situación.
En ese contexto, señaló que se habla mucho de que este cambio va a dejar 20 millones de personas afuera pero en seguida comparó: Yo me pregunto cuántos quedaron afuera con este sistema. El problema es la transición, cómo se maneja y la experiencia de otros países. El gran perdedor inicial es la industria y dos sectores que son construcción y comercio, pero que en la experiencia histórica son ganadores. «