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Diario el Sol 25/06/2026 10:40 3 min de lectura

LA INTERMINABLE PERESTROIKA DE AZCUÉ

LA INTERMINABLE PERESTROIKA DE AZCUÉ
Foto: Diario el Sol

El Municipio anunció que Luciano DellOlio dejó de ser secretario de Gobierno. El comunicado oficial extenso, amable y lleno de elogios intenta presentar la salida como un gesto de madurez política, envuelto en agradecimientos, coincidencias y buenos deseos. La explicación formal es la de siempre: motivos personales y falta de tiempo para sostener una de las áreas más sensibles del gabinete.

Pero detrás del decorado institucional, la realidad es otra: otro funcionario clave que se va, otra pieza central que se cae, otro movimiento que el gobierno intenta maquillar como parte de una reorganización que ya nadie cree que sea tal.

Una gestión que vive en estado de comunicado

La renuncia de DellOlio no es un hecho aislado. Apenas días atrás, otro texto casi idéntico informaba la salida del subsecretario Lucas Fuscado, también por motivos personales y familiares. La repetición del libreto es tan evidente que ya ni siquiera sorprende: el Municipio parece gobernar a fuerza de comunicados de despedida.

Dell Olio retira su nombre del organigrama Municipal. Otro fusible que estalla en una serie interminable de personas que vienen, trabajan y...se van (...)

Y acá está el punto: ningún gobierno puede sostener una reestructuración permanente sin admitir que algo no está funcionando.

Cuando cada semana se anuncia una refuncionalización, una reorganización o una readecuación, lo que se está describiendo no es un proceso de mejora: es un desgaste interno que la gestión no logra controlar.

Los fusibles saltan, pero nadie señala el tablero

En política, los secretarios son fusibles. Están para absorber tensiones y, llegado el caso, para ser reemplazados. Pero cuando los fusibles empiezan a saltar uno tras otro, el problema ya no es el fusible: el problema es el cortocircuito.

Y ese cortocircuito está dentro del gobierno.

Cada salida implica volver a empezar: nuevos diagnósticos, nuevos equipos, nuevas prioridades, nuevas curvas de aprendizaje. La gestión se vuelve un eterno reinicio, incapaz de consolidar políticas, sostener ritmos de trabajo o proyectar soluciones de mediano plazo.

La ciudad queda atrapada en un loop de improvisación.

La perestroika que nunca llega

El Municipio insiste en hablar de reorganización, como si estuviera llevando adelante una gran transformación estructural. Pero una perestroika verdadera requiere planificación, conducción y objetivos claros. Lo que vemos, en cambio, es una sucesión de renuncias que no responden a un plan sino a tensiones internas, falta de cohesión y problemas de liderazgo que nadie se anima a admitir.

La gestión se mueve como si estuviera siempre empezando, siempre ajustando, siempre reacomodando. Pero nunca ordenando.

El silencio que dice más que los comunicados

Nadie explicará dónde está el corto. Nadie dirá por qué las áreas clave no logran estabilidad. Nadie reconocerá que la salida constante de funcionarios afecta la capacidad del gobierno para ejecutar políticas y sostener equipos.

Pero los hechos son contundentes: cuando las renuncias se vuelven rutina, la reorganización deja de ser un proceso y se convierte en un síntoma de descontrol.

Mientras el Municipio sigue repartiendo elogios en cada despedida, la gestión de Azcué parece atrapada en una perestroika interminable que no reestructura nada y que, por el contrario, expone cada vez más los cortocircuitos internos que nadie quiere nombrar.

Y mientras nadie diga dónde está el corto, los fusibles seguirán saltando. Y la ciudad seguirá esperando.

Este editorial se redactó con ayuda de la IA.

Diario el Sol Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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