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Provinciales
Tiempo Argentino 24/06/2026 15:13 5 min de lectura

Una cosa salvaje que conoce la muerte: el intento de nombrar lo que está más allá de las palabras

En su nuevo libro de trece relatos breves editado por Concreto, la escritora colombiana Lina María Parra Ochoa construye un terror de raíces latinoamericanas donde la sororidad aparece como refugio frente a los miedos más profundos

Una cosa salvaje que conoce la muerte: el intento de nombrar lo que está más allá de las palabras
Foto: Tiempo Argentino

El terror contemporáneo de la escritora colombiana Lina María Parra Ochoa en Una cosa salvaje que conoce la muerte nace de los relatos que toda comunidad se cuenta para poder convivir con aquello que no encuentra razón en este mundo, pero sin embargo lo habita tanto como las cosas más comunes. La poética de esta autora colombiana dialoga con el realismo mágico, aquel género tan latinoamericano en el que la realidad de nuestro territorio está hecha también de sus demonios, mitos, heridas políticas y sociales sin cerrar, y que con maestría dedicó tantas páginas Gabriel García Márquez, una voz nacida en Cartagena de Indias, e Isabel Allende, desde Chile.

Una cosa salvaje que conoce la muerte, el título del nuevo libro de cuentos de Parra Ochoa editado por Concreto, intenta nombrar, con una palabra ambigua, a estos mitos y construcciones sobrenaturales que habitan en lo profundo del interior humano y también de la tierra, que se parecen mucho más de lo que se puede pensar. En este libro, el ritmo, la rima y la sonoridad construyen una poética de lo oscuro que no deja de repetirse e insistir con manifestarse. Trece cuentos se repliegan entre sí a través de personajes que llevan el mismo nombre, objetos que se reiteran, temas que se vuelven a desplegar pero de diferente modo, criaturas que surgen como antagonistas. La sororidad -esa red de mujeres que sostiene incluso frente a las cosas más grandes que ellas mismas- es en estos relatos el lugar seguro de muchas de sus protagonistas.

El nombre Afra aparece ya en los umbrales del libro en un epígrafe similar a un consejo de escritura de quien lleva el mismo apellido de la autora. También Afra, en un procedimiento de autoficción, es la protagonista del poderoso cuento que abre Una cosa salvaje, El lento e imperceptible retiro de las aguas. Se trata de una jueza la doctora- que sufre de asma y que hace poco tiempo llegó de Medellín a ejercer en el caluroso pueblo Carepa, que se lo describe como apenas una pausa en el camino, un cruce de calles con más cantinas que casas, como uno de los pueblos del Viejo Oeste. El relato abre con el presente de dos despedidas: un entierro de sus amigos -dos maestras y un maestro de Medellín- y su huida del pueblo. Desde allí, la escritura de Ochoa nos lleva al pasado, recurso narrativo que se repetirá varias veces en otros cuentos ya que la temporalidad lineal no es una decisión que la autora tome en ninguno de ellos. El recuerdo, con sus desórdenes, es el que manda. El animal del monte persigue a Afra: ojos y orejas que miraban y escuchaban buscando matar. Un aliento inmundo en la nuca, por haber escuchado algo que no podía escuchar. Su refugio es la cantina de doña Minta, una mujer con quien puede no disimular el miedo y con la que no es necesario hablar para que todo lo sepa.

El calor que sofoca y hace sucumbir a las personas, las heridas -físicas y no tanto- que se arrastran del pasado son elementos que aparecen también en Un cielo vacío, La sombra de la torre y Mal de tierra. En esta última historia, en el medio del calor que todo lo toca el peón Luis debe ir a hacerle un trabajo al patrón, que se revela después de varias páginas: crear un lugar invisible donde quepa el cuerpo, en otras palabras, hacer refugios para que los narcotraficantes se escondan cuando les allanan la casa. Esos no lugares además cuentan con aire acondicionado, agua, teléfono y demás lujos pedidos por cada cliente. El problema es que una oscuridad que sale de la misma tierra no está de acuerdo con que Luis lo haga debajo de la gran piscina del jefe. Ochoa utiliza dos narradores para esta original historia: uno externo y otro, la sobrina del mismo Luis. Los tiempos se superponen, como si fueran capas de la tierra, para contar pasado y presente a la vez.

La tierra es también el disparador de La hermana ambidiestra, un cuento que tiene inspiración en el doble cortazariano inspirando a su vez en Edgar Allan Poe y que también ahonda en el vínculo entre mujeres y la enfermedad que no se termina de sanar: Desde la cirugía ha dejado de oler con la agudeza de antes. En una cajita, Lina -protagonista también construida desde la autoficción que se presenta como una de las hijas de Chape Ochoa- lleva aquello que le removieron del cuerpo en el quirófano hace un mes. Dentro, en un frasco de formol, flota eso que un día podría haber sido su hermana. Esta criatura, alguien que no llegó a ser, una no persona es de las criaturas más físicas de este libro de cuentos. Revela un miedo universal a la soledad: esa sensación extraña, entre la compañía y el miedo, que implica no estar nunca completamente sola. En el entierro, otro elemento que hace de espejo con el primer cuento de Una cosa salvaje de este monstruo, Lina se absorbe nuevamente a su hermana que no fue, porque solo puede ser ella misma con la otra.

Ochoa también utiliza el alcoholismo, las cicatrices, heridas abiertas de los cuerpos en la morgue, un hombro dislocado en la niñez, en otros de los cuentos del volumen. El miedo, cómo un miembro fantasma, no queda atrás. Son traumas que insisten con repetirse, que se manifiestan por su misma dificultad de entenderse o ponerse en palabras.

Nombrar aquello que excede las palabras lo que hay adentro», como define a la muerte el último cuento del libro es uno de los desafíos de cualquier escritor, a quien el resto de los mortales parecen darle ese rol. Los escritores son los que pueden nombrar cosas que los lectores no. Parra Ochoa enfrenta el desafío sin clausurar el misterio. Lo hace mediante una escritura que se asoma al abismo de las heridas y usa la sugerencia antes que la explicación, que bordea los miedos compartidos por quienes habitan esta tierra y temen aquello que les resulta radicalmente ajeno.

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