De Fiorito al Mundial: Facundo Medina y una historia de vida marcada por el esfuerzo de su mamá
Se crio en Villa Fiorito, con su madre como ejemplo de esfuerzo y superación. Y juntos lograron salir adelante gracias al fútbol.
En una villa nació, fue deseo de Dios crecer y sobrevivir, a la humilde expresión, enfrentar la adversidad con afán de ganarse a cada paso la vida. El inicio de la canción de Rodrigo, la Mano de Dios, es un sello distintivo del maradonismo. Sin embargo, es un guion paralelo de la historia de vida de Facundo Medina.
El defensor argentino, como Diego, nació en Villa Fiorito; como Diego, padeció la pobreza, el crecer con lo justo; como Diego tuvo en el fútbol la luz que terminó alumbrando su vida; y como Diego, también, tuvo en su mamá a un ser absoluto. En el caso de Facundo Medina, tiene a su mamá y se emociona cuando habla de ella.
Porque como nadie conoce los esfuerzos que hizo ella, Mónica, para que él y sus hermanos pudieran salir adelante, esfuerzos que está recompensando la carrera que Medina viene haciendo en el fútbol y que desde hace unos años lo tiene en gran nivel en el fútbol francés y ahora, además, en la Selección argentina.
La historia detrás de las lágrimas de Facundo Medina al hablar de su mamá
Facundo Medina es el único jugador no campeón del mundo que fue titular en estos dos partidos que la Scaloneta lleva ganados en el Mundial. Y lo fue por la lesión de Nicolás Tagliafico, quien recién contra Austria pudo entrar algunos minutos.
Por ser el único que no levantó la copa, ya llamaba la atención; pero terminó destacándose aún más por sus dos buenos partidos y por la asistencia que terminó en el primer gol de Messi ante Austria. Su rendimiento le da la razón a Lionel Scaloni, que lo conoce desde que el defensor que ahora juega en el Olympique de Marsella fue convocado al seleccionado Sub 20 en 2019.
Y la personalidad con la que afrontó la inesperada titularidad en este Mundial habla de su temple, torneado en las difíciles calles del sur del conurbano bonaerense. Fue en esas mismas calles donde, tal como él mismo lo contó, tuvo que salir a recolectar cartón con la familia a los 12 años porque la plata no alcanzaba, una etapa que recuerda como de mucho aprendizaje y unión con la gente que lo rodea.
El mismo Medina que al confirmarse su convocatoria al Mundial 2026 compartió una historia en su Instagram con su foto de chico y la frase no dejen de soñar nunca, por favor, es el que caminaba rumbo al colectivo cuando apenas tenía 11 años y lo habían aceptado en las infantiles de Lanús. Iba a estar dos años, pero solo fue uno.
Era una zona medio picante, robaban mucho. Me tomaba un bondi hasta la estación, solo, y después caminaba siete cuadras hasta la cancha. Mi mamá se preocupaba mucho por lo que podía pasarme y entonces dejé Lanús y fui a jugar al baby. Y mi mamá se juntó con mi padrastro, que me empezó a llevar, recordó hace unos años aquellos complejos inicios.
Jugando al baby fútbol fue que lo vio un ojeador de River y le consiguió una prueba. Ya tenía 13 años y quedó en la Prenovena. Sin embargo, el dinero volvía a ser una traba: apenas alcanzaba para las monedas para viajar en colectivo desde Fiorito hasta River.
Me levantaba a las 4 de la mañana, salía del barrio acompañado por mi mamá hasta la parada y ahí me tomaba el bondi hasta Puente de la Noria y de ahí otro hasta Núñez, relata, con el esfuerzo de su mamá en primer plano. Un esfuerzo que ahí se bifurcaba: Facundo iniciaba su viaje de más de una hora para entrenar y Mónica se iba a trabajar.
La situación económica no mejoraba y el entorno empeoraba. Vivir en la villa se hacía difícil, estaba cada vez más áspera, describió Facundo, quien llegaba al Puente de la Noria que se había convertido en una trampa a sus 14 años: ahí le robaban las monedas, el celular y hasta la mochila donde tenía los botines para jugar.
Mónica, harta de esa situación, habló en River y pidió ayuda para su hijo y la encontró. El club le hizo un lugar en la pensión y en el colegio. Un enorme cambio de vida para Medina, quien debió aprender a depurar las asperezas sociales que traía del barrio y a convivir con otro entorno.
Tres años después, en 2016, debutó en Primera, en un amistoso contra Olimpia de Paraguay pero no llegó a afianzarse en un equipo que estaba en su mejor momento con Gallardo como técnico. En 2018 lo compró Talleres y ahí su vida dio un vuelco, para siempre. Y para toda la familia, no solo para él.
Le estoy muy agradecido a River. Me sacó de la villa, me formó como persona y eso tiene mucho valor para mí. A Córdoba se llevó a toda su familia. A mi mamá y a mis hermanos. Soy muy familiero y lo disfruto, cuenta, quien en 2020 dejó Talleres para irse a jugar a Francia, al Lens, donde estuvo cinco temporadas hasta mediados de 2025, que pasó al Olympique de Marsella. Y siempre en el radar de Scaloni.
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Es un orgullo usar la camiseta Argentina y representar al país entero, representar a mi familia, a mi mamá..., se emocionó tras su debut en el Mundial.