El encargado de endulzar al microcentro sanjuanino
Después de atravesar momentos difíciles, incluyendo una etapa en situación de calle, Agustín Trombino logró construir su propio emprendimiento de churros. Hoy recorre el centro sanjuanino, genera trabajo para otras personas y combina las ventas con a
Cada mañana, entre el movimiento de las calles comercios y las oficinas, aparece una figura conocida para muchos sanjuaninos. Con una caja de churros y una sonrisa lista para acompañar cada venta, Agustín Trombino se ha convertido en un personaje habitual del microcentro. Pero detrás de esos dulces que recorren las calles hay una historia de esfuerzo, superación y gratitud.
Agustín asegura que encontró en las ventas una vocación. Durante años trabajó como vendedor ambulante ofreciendo distintos productos hasta que descubrió que los churros tenían una gran aceptación entre los sanjuaninos. "Me di cuenta de que la venta es una hermosa profesión", recordó. En aquellos años fue uno de los primeros churreros en instalarse en el centro de la ciudad, justo cuando este producto comenzaba a ganar popularidad.
Durante mucho tiempo trabajó para otros fabricantes de churros. Sin embargo, el sueño de independizarse siempre estuvo presente. Hace dos años logró comprar su propia máquina y comenzar una nueva etapa. Actualmente produce sus propios churros, abastece a almacenes y da trabajo a otras personas que salen a vender sus productos.
El camino no fue sencillo. Agustín reconoce que atravesó momentos muy difíciles, incluso una etapa en situación de calle. Sin embargo, asegura que el trabajo fue la herramienta que le permitió salir adelante. "Pude salir trabajando, nada más que trabajando", resumió.
Una vida entre el trabajo y la familia
Su rutina está dividida entre la producción, las ventas y el tiempo con sus hijos. De lunes a lunes mantiene la actividad en marcha, aunque reserva parte de la semana para compartir con su familia. A pesar de las dificultades económicas que muchas veces afectan al comercio informal, mantiene una mirada optimista.
"La calle está hermosa, está linda. Hay que ser positivo y tener fe", expresó. Para él, hay días mejores y otros más difíciles, pero considera que forman parte de cualquier actividad comercial. Además, destaca el crecimiento que observa en la provincia y las oportunidades que encuentra para seguir desarrollando su emprendimiento.
Una historia que empezó lejos y volvió a San Juan
Aunque nació en el Hospital Español de San Juan, gran parte de su infancia transcurrió en España. Se mudó junto a su familia cuando apenas tenía un año y regresó a la provincia a los 15. Desde entonces construyó aquí su vida, sus amistades y su proyecto laboral.
Con el paso del tiempo, los churros dejaron de ser solamente una fuente de ingresos para convertirse en una herramienta que le permitió generar vínculos con cientos de personas. Hoy cuenta con clientes habituales no solo en Capital, sino también en Rawson, Santa Lucía, Chimbas, Rivadavia y otros departamentos.
La solidaridad como forma de agradecer
La faceta más conocida de Agustín en redes sociales no está relacionada únicamente con sus ventas. Desde hace años realiza acciones solidarias destinadas a personas en situación de calle, una tarea que nació de sus propias experiencias.
Según contó, durante los momentos más difíciles recibió ayuda de muchos sanjuaninos que le brindaron alimento cuando lo necesitó. Por eso decidió devolver parte de esa solidaridad colaborando con quienes atraviesan situaciones similares. "Es una manera de retribuir toda la ayuda que a mí me dieron", explicó.
Las redes sociales aparecieron casi por casualidad. Un amigo le sugirió grabar videos para difundir las acciones solidarias que realizaba y, aunque al principio tuvo dudas, terminó aceptando. Con el tiempo, esos contenidos se viralizaron y muchas personas comenzaron a reconocerlo en la calle. "Me decían que me habían visto en TikTok y yo ni siquiera tenía TikTok", recordó entre risas.
Hoy, mientras sigue recorriendo el microcentro con sus churros recién hechos, Agustín combina trabajo, familia y solidaridad. Y aunque guarda bajo llave el secreto de la receta que, según dice, "solo Dios conoce", hay algo que no oculta: la convicción de que el esfuerzo y la ayuda al prójimo pueden cambiar una vida.