Diagnósticos erróneos y traslados contrarreloj: El drama de los pacientes que deben huir de Gualeguaychú para salvar sus vidas
Diversos testimonios que llegaron a nuestra redacción exponen una alarmante cadena de demoras en estudios, omisiones en informes médicos y traslados obstaculizados. Según las denuncias, existiría un manto de corporativismo entre profesionales cuando
Diversos testimonios que llegaron a nuestra redacción exponen una alarmante cadena de demoras en estudios, omisiones en informes médicos y traslados obstaculizados. Según las denuncias, existiría un manto de corporativismo entre profesionales cuando los cuadros se tornan irreversibles.
La situación del sector salud en la ciudad de Gualeguaychú se encontraría atravesando uno de sus momentos más críticos. En las últimas semanas, se han multiplicado las advertencias y quejas de pacientes y familiares que apuntan a deficiencias severas en la atención primaria, diagnósticos erróneos, solicitudes tardías de estudios de alta complejidad y, en los escenarios más graves, desenlaces que habrían rozado la tragedia o derivado en el fallecimiento de personas.
A la par de las fallas clínicas, los damnificados señalan una preocupante disparidad de criterios: un mismo paciente podría recibir diagnósticos absolutamente contrapuestos según el médico de turno. Asimismo, se denuncia la presunta omisión deliberada de patologías en los informes de alta y una suerte de “cobertura mutua” o corporativismo entre los profesionales de la salud cuando los errores médicos se vuelven inocultables.
A nuestra redacción han llegado crudos testimonios que reflejan el desamparo de las familias ante el sistema sanitario local y la necesidad de acudir a centros de mayor complejidad en Paraná o Buenos Aires para salvar vidas.
Casos que rozaron la tragedia: la urgencia que debió esperar.
Uno de los relatos más alarmantes involucra a un menor de 10 años en diciembre de 2025. Según describe su madre, el niño habría sido asistido inicialmente por un fuerte dolor abdominal, recibiendo el diagnóstico de una simple gastroenteritis. Tras reiteradas visitas a la guardia, colocación de suero y el alta médica con indicación de ibuprofeno, el cuadro continuó agravándose.
Días después, tras confirmarse finalmente que se trataba de una apendicitis, el menor habría sido obligado a esperar hasta el día siguiente para ingresar a quirófano debido a que la cirujana de guardia “no operaría de noche”. La demora habría provocado una infección avanzada. Tras una intervención deficiente en la localidad, el niño debió ser trasladado de urgencia a Paraná, donde una nueva operación contrarreloj logró salvarle la vida. “Acá me lo mataban”, sentenció la madre.
De la neurología a la psiquiatría: el peligro de los diagnósticos “a simple vista”.
Otro de los testimonios expone la preocupante disparidad de criterios médicos y la presunta resistencia a otorgar traslados cuando se cuestiona la palabra oficial. Una paciente ingresó con un cuadro de cefalea aguda; tras ser evaluada por el neurólogo de turno, el profesional habría dictaminado ”con una sola mirada” que el problema correspondía al área de salud mental.
La mujer habría permanecido dopada durante días hasta que la advertencia de un enfermero alertó a la familia sobre la gravedad de la situación. Ante la negativa de las autoridades médicas para facilitar la derivación, la familia debió retirar a la paciente bajo firma de responsabilidad. Pocas horas después, la mujer ingresaba a la terapia intensiva de un nosocomio en Paraná con una trombosis cerebral. El hecho más desconcertante habría ocurrido meses después, cuando el mismo especialista de Gualeguaychú, al recibir el informe de Paraná, pareció desconocer por completo haber sido quien ordenó el diagnóstico psiquiátrico original.
Tumores inexistentes y la necesidad de huir para sobrevivir.
El tercer caso ratifica la sospecha de fallas graves en la lectura de estudios y diagnósticos por imágenes. Un paciente mayor fue diagnosticado en Gualeguaychú con un presunto tumor cerebral avanzado por los médicos que lo atendieron en la localidad, indicando que el cuadro era irreversible o requería una intervención de altísimo riesgo.
Movilizados por la desesperación, sus familiares lograron trasladarlo a una clínica de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, un nuevo equipo médico determinó que el diagnóstico era erróneo: el paciente presentaba un accidente cerebrovascular (ACV) hemorrágico que requería un abordaje completamente distinto y no una intervención quirúrgica.
Un secreto a voces: corporativismo y desprotección.
Los casos descriptos por los vecinos de Gualeguaychú colocarían bajo la lupa no solo la falta de insumos o el cansancio del personal, sino una supuesta práctica de encubrimiento. De acuerdo con las denuncias de los familiares, cuando un cuadro médico empeora producto de una mala praxis o una omisión en el informe inicial, los profesionales tenderían a “cerrar filas” para protegerse mutuamente, dificultando el acceso a las historias clínicas reales y obstaculizando los traslados a centros de salud donde la negligencia pueda quedar en evidencia.
Las familias damnificadas exigen una profunda auditoría de los protocolos de guardia y una revisión exhaustiva del desempeño de los profesionales involucrados, advirtiendo que la salud en Gualeguaychú hoy dependería más de la insistencia y el bolsillo de los familiares para buscar una segunda opinión que de la respuesta institucional local.
Redacción: Nova Comunicaciones.