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Infobae 10/06/2026 09:57 4 min de lectura

Una vacuna contra la tuberculosis mostró resultados alentadores para el tratamiento de la diabetes

El ensayo clínico de Fase II señaló que una dosis de BCG, desarrollada hace un siglo, redujo el uso de insulina en personas con la enfermedad metabólica tipo 1

Una vacuna contra la tuberculosis mostró resultados alentadores para el tratamiento de la diabetes
Foto: Infobae

En los pasillos de la medicina, pocas historias despiertan tanto asombro como la de una vacuna destinada a la tuberculosis que, un siglo después de su creación, comienza a abrirse camino en la lucha contra la diabetes.

El inoculantes desarrollado hace un siglo, conocida como la vacuna Bacillus Calmette-Guérin (BCG), demostró en un ensayo clínico reciente su capacidad de reducir la necesidad de insulina en personas con diabetes autoinmune. Esta posibilidad, que desafía expectativas y resignifica el legado científico de la vacuna, emerge de una investigación liderada por la médica e investigadora Denise Faustman del Massachusetts General Hospital de Boston.

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El anuncio fue presentado el 7 de junio en Nueva Orleans, durante la reunión anual de la Asociación Americana de Diabetes.

Según detalló la revista Nature, el estudio evaluó a personas con diabetes tipo 1 de inicio juvenil y con diabetes autoinmune latente del adulto (LADA), dos formas de la enfermedad en las que el sistema inmunológico ataca las células del páncreas encargadas de producir insulina.

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El BCG se administra desde la década de 1920 en países con alta incidencia de tuberculosis. Su historia abarca casi un siglo de investigaciones y usos alternativos. Además de su papel en la prevención de infecciones pulmonares graves, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) lo autorizó hace años para el tratamiento de ciertos tipos de cáncer de vejiga.

Ahora, su potencial como terapia para la diabetes tipo 1 y la LADA despierta interés global.

El estudio evaluó a 95 personas con LADA: 68 recibieron seis dosis de la vacuna durante cinco años y el resto, placebo. Los resultados mostraron que quienes recibieron el BCG lograron una reducción promedio del 3% en el uso de insulina, mientras que el grupo de control aumentó su consumo en un 22% en el mismo período.

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En palabras de Faustman: Esto abre los ojos a una forma completamente nueva de pensar en el control de la glucosa, sin dispositivos ni tecnología invasiva.

¿Cómo actúa la vacuna BCG en la diabetes?

La diabetes tipo 1 y la LADA comparten un origen inmunológico: el sistema de defensa ataca por error a las células beta del páncreas, que son las encargadas de producir insulina.

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Es decir, el organismo identifica como amenaza a sus propias células generadoras de insulina y las destruye, lo que obliga a los pacientes a depender de inyecciones diarias de esta hormona.

La investigación sugiere que la BCG estimula el sistema inmunológico de una forma que ralentiza este proceso autodestructivo. El inmunólogo Mihai Netea de la Radboud University en los Países Bajos consideró muy emocionante e interesante que los datos en adultos con LADA coincidan con antiguos experimentos en ratones.

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Por su parte, Åke Lernmark de la Universidad de Lund en Suecia, opinó que el trabajo demuestra cómo la activación inmunológica por parte de la vacuna permite reducir la autoinmunidad en estos pacientes.

Más allá de la tuberculosis: un efecto protector inesperado

El interés por los efectos no específicos de la vacuna BCG surgió hace décadas. En los años veinte, estudios iniciales detectaron que la mortalidad infantil caía no solo por la tuberculosis, sino también por otras infecciones. Esta observación llevó a investigadores actuales a probar el BCG como posible herramienta contra enfermedades autoinmunes y hasta neurodegenerativas, como el Alzheimer. Sus beneficios más amplios ya no son casualidad, afirmó Faustman.

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En el caso de la diabetes, el ensayo no detectó una reducción significativa de la glucosa en sangre, pero sí un efecto protector sobre la función de las células beta. En otras palabras, el BCG no curó la enfermedad ni sustituyó la necesidad de insulina, pero sí enlenteció el avance del daño autoinmune. Para los pacientes, esto podría traducirse en una mejor calidad de vida y en menores dosis de insulina a lo largo del tiempo.

El hallazgo pone sobre la mesa la posibilidad de reusar vacunas antiguas para nuevos desafíos médicos. Aunque los resultados son prometedores, los expertos subrayan la necesidad de realizar estudios más amplios y de largo plazo antes de considerar cambios en la práctica clínica. Si bien el efecto del BCG es modesto en la reducción del uso de insulina, marca un avance en la búsqueda de alternativas para quienes conviven con la diabetes autoinmune.

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La historia de la BCG parece lejos de terminar. Desde Boston hasta los laboratorios europeos, equipos de científicos exploran cómo una fórmula ideada hace un siglo puede ofrecer nuevas respuestas a preguntas urgentes de la medicina actual. El pasado y el futuro de la lucha contra la diabetes, ahora, comparten una misma vacuna.

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