La Argentina que Milei no ve... Siete de cada diez trabajadores no cubren la Canasta Básica y crece el empleo precario
| Un informe del Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social (GEDyMS) del Instituto Gino Germani...
Un informe del Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social (GEDyMS) del Instituto Gino Germani de la UBA expone una radiografía inquietante del mercado laboral argentino: el 71,1% de las personas ocupadas percibe ingresos inferiores a la Canasta Básica Total (CBT), es decir, no logra cubrir los gastos mínimos de un hogar tipo con su salario.
El dato es contundente incluso entre quienes tienen empleo formal: el 59,3% de los asalariados registrados tampoco alcanza el valor de la CBT, una categoría históricamente asociada a mayor protección y mejores ingresos.
Para la economista Mariana Lucía Sosa, investigadora del Conicet e integrante del equipo que elaboró el estudio, este fenómeno debe leerse a partir de dos procesos simultáneos: el deterioro de la calidad del empleo y una profunda crisis de ingresos.
Deterioro del empleo y desempleo juvenil en alza
Entrevistada en el programa Punto Medio (Radio 2), Sosa advirtió que la desocupación viene en aumento y que el fenómeno está fuertemente empujado por los más jóvenes.
Vemos crecer la desocupación. En el último trimestre subió un poco y un dato relevante es que está traccionada por el desempleo juvenil, porque si nos ponemos a ver quiénes son los desocupados en la actualidad, más de la mitad, el 53%, son jóvenes de menos de 30 años. Es decir que son jóvenes que quieren insertarse en sus primeros puestos de trabajo, salen y no lo consiguen, señaló.
En ese marco, la economista remarcó que el mercado de trabajo atraviesa una verdadera mutación: Eso también se da en un marco que señalamos en un informe que hicimos en el Instituto, que tiene dos grandes ejes: por un lado, que hay en el mercado de trabajo una metamorfosis del empleo, porque se destruyeron 253.000 puestos de asalariados formales y esta pérdida se compensó con la creación de 288.000 cuentapropistas precarios, de peor calidad en términos de derechos y de peores ingresos, añadió.
La transformación que describe el estudio no implica necesariamente menos personas trabajando, sino un cambio en el tipo de ocupaciones que predominan. Mientras caen los puestos asalariados registrados, crecen formas de inserción laboral mucho más inestables.
Lo que pasa es que hay destrucción de empleo asalariado formal, el más protegido, y un crecimiento de los más precarios. Aquellas personas que pierden sus empleos formales y se refugian en el cuentapropismo precario pasan a cobrar la mitad o menos, y esto da lugar a un segundo eje que analizamos, que tiene que ver con la crisis de ingresos que hay en el mercado de trabajo: personas que, pese a estar ocupadas en categorías más o menos buenas, están en una situación de ingresos muy crítica, reveló.
Y profundizó con otro dato: En nuestro país, 7 de cada 10 ocupados no cubren la canasta básica total para un hogar tipo con sus ingresos laborales, y eso pasa incluso dentro de los asalariados formales, donde el 59% cobra menos de la canasta básica. Entonces vemos que cuando ponemos la lupa en algunos datos aparecen estas situaciones sumamente críticas.
Pluriempleo y autoempleo de sobrevivencia
La otra cara de esa pérdida de ingresos se refleja en fenómenos cada vez más visibles: personas que acumulan empleos, jubilados que vuelven a trabajar y hogares que necesitan sumar ocupaciones para llegar a fin de mes.
El pluriempleo es un tema importante, porque está creciendo. El último dato del Indec muestra que el 12,2% de los ocupados están pluriempleados, o sea tienen más de un trabajo. Pero creo que el fenómeno obedece más a una cuestión de ingresos. Gente que busca otro trabajo o trabajar más horas para complementar ingresos insuficientes, observó con preocupación.
El informe también identifica una particularidad que, según los investigadores, no tiene antecedentes recientes: prácticamente todo el empleo creado en los últimos dos años corresponde a formas de autoempleo.
Vemos que tenemos una economía que no crea puestos de trabajo. Por esta razón vemos destrucción de puestos asalariados formales y creación del cuentapropismo precario, que es una especie de inventarse una actividad para poder sobrevivir. No es un puesto de trabajo real que necesita la economía. Tenemos una matriz productiva que no genera puestos de trabajo y mucho menos de calidad, explicó Sosa.
A la investigadora y a su equipo les llamó la atención la magnitud del fenómeno: En estos últimos dos años, desde que está este gobierno, 10 de cada 10 puestos de trabajo que se crearon son autoempleo. No hay ni siquiera asalariado informal creado. Por eso es importante destacar que es una característica de la matriz económica en este momento: ni siquiera en la informalidad genera puestos de trabajo. Ni en los años noventa lo vimos.
Plataformas digitales, más trabajo y menos ingresos
Parte de ese crecimiento se vincula con las plataformas digitales y las nuevas modalidades de trabajo asociadas a aplicaciones. Sin embargo, Sosa aclara que tampoco allí aparecen señales de mejora.
Lo diferente es que con el trabajo en aplicaciones, la digitalización y el avance de las plataformas, uno puede vender productos por internet, manejar un auto de aplicación o hacer envíos. Pero hay una especie de saturación de este tipo de puestos de trabajo. Aumentó el número de repartidores y conductores, y bajó el precio por viaje, por lo que los trabajadores tienen que estar más tiempo arriba del vehículo, más horas para recibir lo mismo, describió.
Y añadió que la insuficiencia salarial se repite en múltiples ramas: Lo mismo ocurre en los empleos públicos, docentes, comercios, gastronomía y demás. Los salarios son insuficientes y los hogares deben sumar ocupaciones o sumar ocupados para juntar plata y llegar a fin de mes.
Jóvenes y jubilados, los más tensionados
El estudio también revela que tanto los jóvenes como los jubilados están bajo una presión creciente.
Otro fenómeno que arroja el estudio es que creció el porcentaje de jubilados ocupados. Y nosotros lo vemos asociado a la insuficiencia de los haberes jubilatorios. Se trata de personas en edad de jubilación que están ocupadas en puestos precarios y de bajos ingresos. Eso nos hace pensar que están en el mercado de trabajo porque no les alcanza la plata o cada vez les alcanza menos, planteó Sosa.
Al mismo tiempo, las dificultades aparecen con mayor nitidez entre los menores de 30 años. La conclusión es contundente: más de la mitad de los desocupados pertenece a ese grupo etario y quienes logran conseguir trabajo lo hacen, cada vez más, en condiciones precarias.
El segmento juvenil en países como el nuestro siempre tiene ciertas dificultades o enfrenta barreras para entrar al mercado de trabajo porque son ingresantes a un mercado laboral que no es pujante, por eso se les dificulta. Eso es casi permanente en una economía como la nuestra. Sin embargo, sí vemos que estas barreras están ampliándose. En este momento vemos que tienen una tasa de desocupación más elevada que hace un tiempo, y además vemos que son el grupo que más tracciona el desempleo. Dentro del total de desocupados, más de la mitad son jóvenes de menos de 30 años, recalcó.
Pero también puso el foco en los jóvenes que sí están ocupados: Ahí vemos que se incrementó de manera significativa la informalidad. Esto quiere decir que creció la proporción de jóvenes que están en ocupaciones precarias, informales, de baja calidad, desprovistas de derechos e insuficientes en los ingresos. Por eso hay un empeoramiento en la situación laboral de los jóvenes.
Un fenómeno extendido en todo el país
Según Sosa, se trata de un fenómeno extendido en todo el territorio nacional y no de una problemática concentrada en determinadas provincias o regiones.
Se ve en todas las regiones: hay destrucción de puestos de calidad y creación de puestos de sobrevivencia. Por supuesto que hay aglomerados que tienen una peor situación, como por ejemplo los conurbanos de grandes ciudades, donde hay peor desocupación o inserción laboral. Pero la característica es que se ve de manera homogénea en todo el país y en todas las jurisdicciones: se crean puestos de cuentapropistas precarios, detalló.
La fotografía que deja el informe muestra una paradoja cada vez más frecuente: el problema ya no es solamente conseguir trabajo, sino que ese trabajo permita vivir. Y cuando incluso los empleos registrados dejan de garantizar ingresos suficientes, la discusión deja de ser únicamente laboral para convertirse en una pregunta más amplia sobre el modelo productivo y las posibilidades reales de movilidad social.