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Perfil 28/05/2026 22:32 3 min de lectura

Un estudio determinó que una hora de exposición a la contaminación ambiental bastan para alterar las funciones cerebrales y pulmonares

Los investigadores de la institución británica comprobaron que la inhalación a corto plazo de gases y partículas cotidianas provoca una disminución en la capacidad respiratoria y modificaciones en la velocidad de reacción cognitiva.

Un estudio determinó que una hora de exposición a la contaminación ambiental bastan para alterar las funciones cerebrales y pulmonares
Foto: Perfil

El Centro Nacional de Ciencia Atmosférica del Reino Unido lideró un ensayo clínico controlado que demostró que una sola hora de exposición a los contaminantes atmosféricos comunes, tanto en espacios interiores como exteriores, es suficiente para inducir cambios medibles en la función pulmonar y en la actividad cerebral de las personas.

La investigación rompió con el paradigma regulatorio actual, centrado casi con exclusividad en los promedios de exposición a largo plazo, al evidenciar que los impactos biológicos negativos se consolidan en apenas 60 minutos de respirar aire condicionado por emisiones vehiculares, humo de leña o productos de limpieza aromatizados.

"Cada fuente de contaminación produjo su propio patrón de cambios a corto plazo en los pulmones y el cerebro", afirmó Aristeidis Voliotis, miembro del equipo de investigación, quien además remarcó que "la composición de la contaminación realmente importa".

Los científicos evaluaron la capacidad pulmonar y los procesos cognitivos como la atención, la memoria de trabajo y la velocidad de reacción de los participantes antes de ingresar a la cámara y cuatro horas después de haber finalizado el experimento.

El volumen espiratorio forzado en el primer segundo cayó de forma sutil pero medible después de que las personas respiraron humo de madera y aerosoles derivados del limoneno, un compuesto químico presente en los artículos de limpieza con aroma a cítricos.

Tras la exposición al escape de motores diésel y al humo de leña, los voluntarios mostraron una velocidad de respuesta más rápida en las pruebas reflexivas básicas en comparación con los momentos en que respiraron aire limpio.

Los autores del documento asociaron este fenómeno a la presencia de óxidos de nitrógeno en dichos combustibles, unos gases con capacidad para dilatar los vasos sanguíneos cerebrales y alterar temporalmente el flujo sanguíneo, lo que generó un estímulo en las capas más reflejas de la cognición pero un arrastre negativo en las funciones ejecutivas deliberadas y complejas.

¿Cómo ingresan los contaminantes ambientales al sistema nervioso central?

Los canales de afectación cerebral identificados se dividieron en vías directas e indirectas a partir del momento de la inhalación. Las partículas ultra finas y los compuestos químicos volátiles acceden de forma directa al sistema nervioso central al cruzar la barrera hematoencefálica o mediante el nervio olfativo tras ingresar al torrente sanguíneo.

Mientras tanto la vía indirecta se activa a partir de la respuesta inflamatoria sistémica que se origina originalmente en el tejido de los pulmones y se traslada luego al resto del cuerpo.

La acumulación de este tipo de alteraciones breves y repetitivas en el tiempo es la base que los científicos vinculan con el incremento del riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas graves a largo plazo, tales como la demencia o el Parkinson.

Las regulaciones ambientales vigentes en la mayoría de los países occidentales miden la salubridad del aire en promedios de 24 horas o anuales, una metodología que, según los autores del nuevo informe, ignora los picos de exposición horaria que sufren los ciudadanos en el tránsito o al limpiar sus hogares.

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