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Generación Silver
Infobae 25/05/2026 01:25 4 min de lectura

De bomba sexy a granjera californiana: la vida bucólica de la Chica al Rojo Vivo a los 66 años

Sus días transcurren entre cultivos y animales, en un ambiente campestre y familiar, lejos, muy lejos, del mundo del espectáculo del que se alejó deliberadamente

De bomba sexy a granjera californiana: la vida bucólica de la Chica al Rojo Vivo a los 66 años
Foto: Infobae

No hay silver que no recuerde la icónica escena del film Woman in red (Una chica al rojo vivo fue su título en Argentina), de 1984, en la que Kelly LeBrock, actriz y modelo de silueta escultural, deja que su vestido vuele mostrando sus largas piernas, recreación de la escena, también icónica, protagonizada por otra actriz inolvidable, Marilyn Monroe.

Kelly LeBrock, a la que un par de películas convirtieron en uno de los rostros más emblemáticos del cine y la moda durante los años 80, realizó una transformación radical de vida al dejar atrás el estrellato y mudarse a un entorno rural. Hoy reside en un rancho del Valle de Santa Ynez, en California, donde prioriza la tranquilidad y el contacto con la naturaleza tras una trayectoria marcada por éxitos en la gran pantalla y situaciones personales complejas.

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La reconversión de Kelly LeBrock de ícono de Hollywood en los 80 a defensora de una vida rural lejos del foco mediático fue motivada por el desgaste de la fama y la necesidad de proteger a sus hijos tras un matrimonio conflictivo con Steven Seagal. Optó por mudarse al campo, alejarse de la exposición pública, y vivir de modo sencillo, al estilo slow living que consiste grosso modo en desacelerar el ritmo frenético de la vida urbana moderna.

Nacida en Nueva York en 1960, Kelly LeBrock pasó su infancia entre Estados Unidos y Londres. A los dieciséis años inició su carrera como modelo en la capital británica, donde rápidamente se convirtió en una de las figuras más solicitadas del medio. Posteriormente, volvió a Estados Unidos.

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De ícono del cine de los 80 a figura de la cultura pop

El salto al cine llegó en 1984 con la comedia romántica La mujer de rojo, dirigida y protagonizada por Gene Wilder. La interpretación de LeBrock como Charlotte, junto con la popularidad de la canción I Just Called to Say I Love You de Stevie Wonder ganadora de un premio Oscar y número uno en ventas, la situó como referente de la década.

Un año después, participó en Ciencia loca (Weird Science) bajo la dirección de John Hughes, reforzando su estatus en la cultura pop de los 80. Durante ese periodo, LeBrock también protagonizó Difícil de matar en 1990, junto a Steven Seagal, afianzándose como una de las supermodelos y actrices más reconocidas de la época y asociando su imagen al brillo y magnetismo característicos del momento.

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Las causas de la reconversión de Kelly LeBrock

El camino profesional de LeBrock experimentó un giro considerable debido a decisiones personales y situaciones privadas. Entre los factores clave estuvieron el rechazo de papeles importantes, como el de Beetlejuice, así como sus relaciones sentimentales con figuras públicas como Victor Drai, Steven Seagal y Fred Steck.

Su matrimonio conflictivo con Seagal, entre 1987 y 1996, estuvo signado por denuncias y una intensa atención mediática durante el proceso de divorcio. La decisión (de dejar del cine) vino motivada para proteger a mis hijos del huracán mediático que surgió en torno a mi divorcio, explicó LeBrock, quien reconoció que vivir bajo esa presión aceleró su alejamiento del sol mediático.

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Después de experimentar el coste emocional de la fama y el desgate de estar en el centro de atención, la actriz priorizó la estabilidad familiar y escogió un entorno apartado. Insistió en que Hollywood no era el lugar donde quería criar a mis hijos y optó por una vida lejos del ritmo acelerado y la constante exposición asociados al espectáculo.

La nueva vida de Kelly LeBrock en el campo

Desde hace más de 20 años, LeBrock vive en su rancho del Valle de Santa Ynez y declara disfrutar del ambiente rural. Dejé los diamantes por la tierra, y tengo un rancho grande con caballos, vacas, perros y gallinas, y lo cuido yo misma, expresó la actriz, poniendo en valor la conexión con la naturaleza y la vida sencilla.

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Organiza las tareas del terreno, cultiva verduras y produce lácteos propios. Eligió prescindir de la televisión y los lujos vinculados a su antigua vida mediática, lo que le permitió crear hábitos que, según afirma, le ofrecen verdadera satisfacción: Nunca me ha gustado ser el centro de atención. Quería tener las uñas sucias y estar al aire libre.

Su vínculo con sus hijos es cercano y, aunque ocasionalmente participa en proyectos cinematográficos o televisivos, actualmente dedica más tiempo a causas solidarias, como campañas contra el cáncer y el apoyo a víctimas de violencia doméstica. El legado de LeBrock, a más de dos décadas de su retiro, permanece vigente en la cultura ochentera, si bien ella insiste en que su prioridad sigue siendo el placer de disfrutar de las pequeñas cosas.

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El recorrido personal de Kelly LeBrock, del estrellato al retiro en el campo, exhibe una búsqueda deliberada de paz y autenticidad. Tras enfrentar el peso emocional de la celebridad, encontró en la vida rural la posibilidad de reconstruir su identidad y reconciliarse consigo misma.

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