Una mirada desde la alcantarilla. Caballo de madera - 9 Digital - Mi 9
Una mirada desde la alcantarilla. Caballo de madera -
Caballo de madera
Mientras los árboles crujen y ceden ante el movimiento del viento,
la hija muerde una pera fresca
como si un artesano tomara un tronco
entre sus brazos y pensara en la forma posterior.
La niña y la fruta guardan, sin saberlo, vínculo quirúrgico
en sus trazos delinean un horizonte que mezcla carne y hueso
como la terminación del cielo contra suelo en los días de calor
la niebla precisa
hija y fruta entre
una respiración y la otra.
A veces siento cómo palpita el corazón
enredado entre la pulpa.
A veces casi no pienso en cosas importantes
y en las cosas que a nadie le interesan me detengo:
el límite claro entre las encías al final de cada diente
la forma de mantener la calma
mientras se atropella contra las curvas.
Si al nacer hubiese podido elegir un talento
habría escogido el del que hace de una tabla un animal.
Con el hueco sano de la mano mirando de cara al cielo
dejaría la astilla incrustada
en el nido donde la piel es atravesada
por cientos de patas de pájaros.
A veces pienso que si pudiera tallar
un caballo de madera y sostener
el cuello de un jinete nuevo entre las falanges
usaría mis uñas para rascar las orejas siempre atentas
escucharía el milagro por las manos.
Cómo nace un relincho.
Cómo cede la madera al viento.
Entre los dedos un bosque y un malón.
No sé nada de artesanías pero creo que estaría
haciendo algo tan inútil como un poema y
aún así, liberaría al tronco de virutas
tendría la posibilidad
de medir el peso de las cosas zonzas.
Un objeto hecho por mí con las deformaciones de mi ignorancia.
A destajo y fe.
Nada de lo que vale la pena tiene precio y es tan lindo
sin embargo
esto de no estar más
que para contar los bocados de la nena
contra la pera. Y ver las gotas del jugo
chorreando en su mano,
empapando hasta los codos
Friccionando con las puntas de los huesos
un pequeño charco dulce donde retozaría
sin dudas
mi potro,
si pudiera tallarlo.
Como si esta hija que me atrapa
constantemente
me dijera cosas aún en silencio.
Y la viera a ella como se ve un acantilado
que deja nacer una cascada. Para nadie y para todos
el secreto mejor guardado
de la vida que muere en el centro de un bosque.