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Provinciales
La Pirámide 16/02/2026 16:44 4 min de lectura

El 82% móvil no es una variable de ajuste

En Entre Ríos se discute por estas semanas algo mucho más profundo que una reforma técnica. Se discute un límite: el límite entre administrar una dificultad estructural y utilizarla como excusa para recortar derechos.

El 82% móvil no es una variable de ajuste
Foto: La Pirámide

El 82% móvil no es una variable de ajuste

La situación de la Caja de Jubilaciones provincial es compleja; nadie podría

negarlo. El sistema previsional debe ocupar un lugar central en la agenda

pública porque el debate sobre su sostenibilidad ya no admite postergaciones.

La ley vigente fue concebida en una realidad muy distinta a la actual. Hoy la

Caja enfrenta un desequilibrio estructural marcado por una menor relación

entre trabajadores activos y beneficiarios, una mayor expectativa de vida y

fuertes restricciones presupuestarias.

La relación ideal de tres aportantes por cada jubilado está lejos de alcanzarse.

El deterioro progresivo de ese vínculo impacta directamente en la capacidad

financiera del sistema y pone en tensión el objetivo histórico de sostener el

82% móvil.

Ese es el diagnóstico. Y puede ser correcto.

Lo que genera alarma es la conclusión que empieza a insinuarse: que el

problema se resuelve tocando el corazón del derecho jubilatorio.

El 82% móvil no es un privilegio ni una anomalía del sistema. Mucho menos lo

es el 85% móvil, otro derecho adquirido del que casi no se habla. Son

conquistas históricas que expresan una idea simple: quien trabajó toda su vida

merece jubilarse con dignidad. Y la dignidad no puede redefinirse cada vez que

las cuentas públicas atraviesan tensiones.

Cambiar la forma de cálculo, desenganchar los haberes jubilatorios de los

salarios activos, postergar edades o relativizar porcentajes no es simplemente

ordenar el sistema. Es decirle al jubilado que la promesa que sostuvo durante

décadas ahora será reinterpretada. Y eso, más allá del lenguaje técnico, es una

decisión política.

El riesgo de vaciar sin decirlo

Existe una estrategia conocida: no eliminar un derecho, sino vaciarlo

progresivamente. Mantener el nombre, pero alterar el contenido. Decir que se

garantiza el 82% móvil mientras se lo convierte en una fórmula cada vez más

distante del salario real.

Ese camino puede resultar eficaz en términos comunicacionales, pero es

profundamente injusto. Porque el jubilado no discute planillas Excel; discute su

posibilidad de pagar medicamentos, sostener su vivienda y vivir con autonomía.

La técnica no es neutral

Se insiste en que se trata de una discusión técnica. No lo es. La técnica

siempre responde a valores. Y cuando esos valores no se explicitan, se

esconden detrás de porcentajes y proyecciones.

Hablar de sustentabilidad no implica, en sí mismo, hablar de ajuste. Implica

garantizar que quienes hoy perciben un haber continúen cobrando en tiempo y

forma, y que quienes están en actividad puedan jubilarse mañana con los

mismos derechos. Pero también supone revisar inequidades, regímenes

diferenciales y asimetrías que, de no corregirse, comprometen la viabilidad del

conjunto.

La discusión, por lo tanto, no puede reducirse a consignas simplificadas. El

verdadero desafío es encontrar un equilibrio entre responsabilidad fiscal y

justicia previsional. Sin previsibilidad, sin reglas claras y sin ampliar la base de

aportantes, cualquier esquema queda expuesto a crisis recurrentes. Pero

ajustar siempre sobre quienes ya no tienen margen para recomponer ingresos

no es equilibrio: es regresión.

El silencio también decide

En este contexto, la ausencia de una palabra clara del gobernador no es

menor. Gobernar también es asumir los costos políticos, no limitarse a utilizar

redes sociales o canales indirectos para instalar temas o generar clima.

Delegar decisiones sensibles y reservarse la prudencia no fortalece el debate;

lo debilita.

El sistema previsional no es una oficina más del Estado. Es un pacto entre

generaciones. Romperlo o licuarlo silenciosamente deja una marca

profunda que no se corrige con discursos posteriores.

Sustentar sin empobrecer

Defender el 82% móvil no significa negar la realidad ni oponerse a toda

reforma. Significa poner un límite. Existen otras herramientas: ampliar recursos,

revisar exenciones, combatir la evasión, discutir aportes extraordinarios si fuera

necesario. Ajustar siempre sobre los mismos no es valentía fiscal; es

comodidad política.

Entre Ríos puede y debe dar un debate serio y maduro. Pero ese debate debe

partir de una premisa clara: la sustentabilidad no puede lograrse a costa de la

dignidad.

El 82% móvil no es un número heredado del pasado. Es una definición sobre

qué tipo de provincia queremos ser. Y esas decisiones, tarde o temprano, nos

terminan definiendo.

La Pirámide Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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