A dos décadas del fallido ALCA: el descrédito K y la alianza de Milei con Trump
En 2005 en la Cumbre de las Americas de Mar del Plata, el eje Chávez-Kirchner-Lula enterraba el acuerdo comercial que proponía George W.Bush.La captura de Maduro refleja el intento de Donald Trump de liderar la región. Javier Milei está totalmente al
El 4 de noviembre de 2005 se consolidaba en Mar del Plata, en ocasión de la Cumbre de las Américas, una corriente regional de centroizquierda liderada por Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner. La ola arrastraba a toda Sudamérica proclamando la muerte del ALCA, un acuerdo comercial continental promovido por Estados Unidos, por ese entonces conducido por George W.Bush.
Dos décadas después, Donald Trump ha dejado en claro su decisión geopolítica y comercial de aglutinar a todos los países americanos detrás de su mando. La captura de Nicolás Maduro, el dictador cuyo régimen chavista persigue y encarcela a los opositores o desconoce el resultado electoral adverso ostentando el uso de las armas y la represión, se ha convertido en un mensaje para la región: el liderazgo de la Casa Blanca no se discute.
Hacia allí, por ejemplo, apuntaron la suba de los aranceles comerciales como factor de presión política para aquéllas naciones que no estén alineadas. De alguna manera, es una versión remozada de dos pilares de la hegemonía estadounidense: la Doctrina Monroe de 1823 y el Consenso de Washington de 1989.
La Doctrina Monroe, bajo el argumento de evitar cualquier intervención europea en la región, dio paso al intervencionismo norteamericano en el continente para promover su influencia. La captura de Maduro respondería a esa línea.
El Consenso de Washington, formulado por el economista John Williamson, sugería a los gobiernos de América Latina una serie de medidas para estabilizar y liberar sus economías, como disciplina fiscal, privatización de empresas públicas, desregulación, apertura a las inversiones extranjeras, un menor rol del Estado y un mayor protagonismo del mercado.
Trump ha delimitado, dentro del juego político global, que América Latina es su territorio. Y no quiere disidentes ni rebeldes que le disputen poder, y negocios, describe un consultor, especialista en relaciones internacionales.
Este fin de semana, el propio Trump con su habitual sinceridad brutal, argumentó que hasta ahora hacer negocios en Venezuela viene siendo difícil. No se puede bombear petróleo. Vamos a tener nuestras empresas, las más grandes, gastando millones en infraestructura y que empiecen a hacer dinero para el país", dijo.
Reflexiones similares a las hechas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent cuando, en un hecho sin precedentes, el tesoro norteamericano intervino en el mercado cambiario argentino. "Usamos el Fondo de Estabilización Cambiaria para estabilizar a un gran aliado en América Latina. Tenemos una oportunidad para crear aliados en América Latina. Estabilizando la economía, y teniendo una ganancia, es un buen negocio para los norteamericanos", describió.
Uno de los mandatarios que primero adhirió al Consenso de Washington en los '90 fue Carlos Menem. De alguna manera, existe un paralelo con Milei, que se abrazó a las ideas de Trump mucho antes de que asumiera su segundo mandato.
Milei parece haber entendido rápidamente ese ajedrez, al lanzar un día antes del operativo Maduro la idea de armar un bloque regional con las ideas de la libertad" -de derecha- integrado por diez mandatarios.
En la región hay nueve países que adhieren a la derecha liberal o conservadores aliados a Trump, que son, además de la Argentina, los recientes ganadores en Honduras, Nasry Asfura; José Antonio Kast, en Chile; Rodrigo Paz en Bolivia; además de Nayib Bukele de El Salvador; José Raúl Mulino, de Panamá; Daniel Noboa, de Ecuador; José Jeri, de Perú; y Santiago Peña, de Paraguay.
Hay dudas si el perfil de Milei lo ayudará para liderar esa corriente, lo que requiere dedicación y un relacionamiento con los mandatarios que trascienda el aspecto formal y protocolar, como el rol que supieron llevar Menem y, mas cerca en el tiempo, Mauricio Macri.
El dilema K
Ese giro a la derecha hunde aún más cualquier aspiración política de sectores como el kirchnerismo o el peronismo, que mantienen vivas a figuras como las de Chávez, Fidel Castro o Lula, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Lo sufrió Gabriel Boric en Chile, cuya gestión provocó la llegada de Kast; lo mismo le pasó a Cristina Kirchner que, acompañando a Alberto Fernández en el gobierno, su fracaso le abrió el camino a Milei. De allí la dificultad que tienen esos sectores de cara a la sociedad, de poder articular una defensa creíble de Maduro.
La violación a los derechos internacionales, la intervención por la fuerza de otro estado y el antecedente para que cualquier potencia -Rusia- invada y se apropie de un territorio que cree propio bajo la excusa de actividades narcoterroristas, invalidan el accionar de Estados Unidos. El problema, en el escenario político local, es quiénes son los que salen a defender esos derechos.
Dos episodios marcan el termómetro ideológico actual: Cristina Kirchner salió a denunciar que Trump solo quiere quedarse con el petróleo de Venezuela, pero su voz tiene cada vez menos impacto. Y la izquierda, que en estas ocasiones solía organizar una protesta considerable, apenas movilizó un pequeño grupo.
El kirchnerismo nunca condenó el cercenamiento de las libertades individuales ni las persecuciones políticas y encarcelamientos del régimen chavista. Es difícil que su voz en defensa de la autodeterminación del destino de los venezolanos y de su gobierno se escuche ahora. Lo mismo ocurre cuando rechaza la reforma laboral o en el Sistema de Inteligencia que otorga a cualquier agente de la SIDE la posibilidad de detener a una persona. ¿Bajo qué criterio?
Algo similar le ocurre con el escándalo por corrupción en la AFA. El kirchnerismo ha tomado como una bandera propia y un estandarte a Claudio Chiqui Tapia, porque denuncia una persecución cuando la Asociación de fútbol no ha explicado aún el desmanejo de fondos en el exterior recaudados en nombre de la selección nacional campeona del Mundo cuyos rostros visibles son los de los campeones del mundo.
La épica frase de Diego Maradona, la pelota no se mancha, parece vigente también para este entramado en el que la justicia investiga a Tapia, a su alter ego Pablo Toviggino, y a su brazo financiero Ariel Vallejo por la recreación de un presunto esquema de lavado, del cual han sido víctimas los clubes de fútbol.
El humor suele reflejar contenidos políticos y análisis más profundos de los que se perciben en la superficie. En las redes sociales han utilizado la primera imagen del dictador chavista capturado, llegando a Estados Unidos y vestido con un outfit deportivo, y se ha reemplazado su rostro por el de Chiqui Tapia, con la leyenda el Maduro de la AFA. ¿Habrá, de verdad, alguna analogía?
Mirá también
Sobre la firma
Newsletter Clarín